No es verdad que la mayoría absoluta convierta al Parlamento en una cámara perfectamente inútil. Todo lo más concedo que la vuelva previsible, amaestrada, mansuela, pero a una Oposición inteligente siempre le queda la posibilidad de buscarle las vueltas al adversario y enriquecer, aunque sea por vía de escándalo, la visión real de la política. Chaves votando contra sus propias palabras (de 1996), por ejemplo, y diciendo ‘Diego’ donde dijo ‘digo’ a propósito de la solidaridad en torno al agua, es un buen ejemplo de lo que quiero decir. No importa que la desvergüenza pública haya asumido la evidencia infamante como algo tolerable: lo que importa es ganar en la votación final. El miércoles Chaves quedó como un cochero en el Parlamento de Andalucía, literalmente infiel a su propia palabra, que ya es el colmo. Pero ahí sigue. La dignidad política no existe a fuer de elástica. A la vista está una vez más.

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