No llueve ni a tiros este otoño. Una especie de ambigua estación, soleada y fría, se alarga ya hasta internarse en pleno Adviento llevando la inquietud, como tantas y tantas veces, al labriego que mira inquieto al cielo. Se recuerda incluso nuestra precariedad en el negocio del agua, las restricciones no tan lejanas en las que tal vez haya que buscar el origen del alarmismo en torno al calentamiento global, aquella mala racha en que los responsables del comprometido suministro aconsejaban no dejar gotear el grifo cuando no imponían sanciones por sobreuso. Un tópico, eso de la sequía aunque, en efecto, parece innegable que, estadísticamente hablando al menos, hay periodos lluviosos y periodos sin nubes, y hasta ha habido quien haya arriesgara pronósticos sobre una supuesta periodicidad del clima. ¡Se agotan las reservas de agua potable del planeta! He ahí un grito de alarma apocalíptico, que resuena con frecuencia por doquier, pero que un estudio científico que acaba de aparecer en la revista “Nature” arrasa con la noticia de que existen, contra una opinión sempiterna, inmensas reservas de agua dulce bajo los océanos, tantas que ha llegado a calcularse en cien veces superior a toda al agua consumida en el planeta durante el siglo pasado y lo que llevamos de éste. No se había tenido en cuenta, por lo visto, que ese depósito inmemorial e intacto, está ahí, como un reservorio previsor a la espera de que el hombre lo alcance si la necesidad lo acaba empujando en la superficie de la tierra. Dicen los sabios que fue el calentamiento progresivo de la Tierra, hará veinte mil años o así, cuando esos fabulosos depósitos de agua quedaron sepultados por capas arcillosas anteriores a la llegada del agua salada. La verdad es que se queda uno como más tranquilo.

 

Por parte de los desdramatizadores, que también los hay, suele alegarse que nuestra obsesión por el agua no se compadece con el despilfarro que hacemos de ella, y por supuesto, tiene mucho que ver con las malas políticas. Lo sabemos desde Joaquín Costa a Juan Benet, que propuso cuando aún se consideraba una ilusión, trasvasar el agua de la España húmeda a los secarrales del Sur, un proyecto casi lírico comparado con el tironeo partidista de los nonatos Planes Hidrográficos. Nos harían falta más poetas en las cuencas y en los pantanos, aunque ahora sepamos ya lo previsora que fue la Madre Naturaleza al poner nuestras reservas a buen recaudo.

6 Comentarios

  1. Me decía un viejo agricultor, ¿No hay carreteras y trenes que cruzan España por todas partes? ¿Por qué no se hacen entonces tuberías de la altura de un hombre que traigan el agua de donde sobra a donde hace falta? En la huelvana playa de Matalascañas, hace una cuarentena de años que se abastecen de agua fósil del subsuelo. Algo así como lo que nos explica el Anfi.

    Mi Reverendo Páter, dolor es lo que trasmina Andalucía toda con la muerte de tres miembros de una familia entre agudos dolores de barriga. Como para darle un premio al equipo de urgencias que los atendió de primeras. Como para darle un premio a los gobernantes que han mangoneado en Vandalia, siempre los mismos, en la Junta y en el Ayuntamiento del mismo suceso.

    Por cierto que hoy CC OO se manifiesta porque disminuyan los altos cargos y se rebajen sus sueldazos. ¿Creen ustedes que se van a remodelar esos miles de enchufes para atender mejor las necesidades sociales de una población que pasa hambre? ¿PUeden tener en estas muertes alguna responsabilidad esos que gobiernan desde hace 35 años? ¿Se gasta en servicios sociales los dineros que sí van a programas de geografías clitoridianas o a un Canalsur, vergonzosa voz de su amo desde que fue fundado y que se gasta mucho dinero en apacentar a las ovejas andaluzas, para que prefieran balar buscando comida en los contenedores, en vez de ir a rugir como fieras ante las suntuosas sedes de sus gobernantes? Todo son preguntas. Solo preguntas.

  2. Gracias don Epi, tengo la seguridad de que don ja no dejará escapar este tema tan doloroso. Lleva usted más razón que un santo.

  3. Tema delicado, opinable con contradicciones. ¿Cambia el clima, nos “secamos” hacia el Norte? La discusión está abierta y cualquiera puede encontrar posiciones adversas con mínimo esfuerzo. Los otoños pasados fueron lluviosos, éste seco, o sea que estamos en las mismas. Además, la mala memoria climática es proverbial en los hombres. ¿Quién se acuerda de del calor del verano o del invierno pasados? Compruébenlo: casi nadie.

  4. Nada se sabe del Plan Hidrográfico. Ya los políticos hablan menos de él, se lo arrojan menos como una piedra a la cabeza. El anterior del PP fue laminado nada más llegar ZP. Lo que querían en Aragón no era lo mismo que lo que querían en Granada. Ahora no sé cómo va la cosa. ¿Lo sabe alguien y me puede iluminar?

  5. No siempre hay a mano (perdón Cura de Pueblo) un Moisés con una vara mágica, pero la sed persigue al hombre desde sus orígenes hasta nuestros días. Hoy en Sudán o en otros muchos países africanos el agua se busca diariamente a kilómetros e distancias. Para qué hablar.

  6. Agua, como alimentos, hay para todos. Lo que despilfarra una familia media aquí o en cualquier otro país civilizado (…?) da para una semana de uso moderado a una familia de Centroáfrica.

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