En mi niñez vi una pintada callejera que rezaba insolente: “El Jefe siempre lleva razón”. Con el solo propósito de disipar vanas ilusiones, bueno es reconocer que todo partido que se precie lleva en lo íntimo esa glándula leninista que segrega el “centralismo democrático”. En el Parlamentillo andaluz, por ejemplo, todas, y digo “todas”, las fuerzas políticas, con el similiquitruqui de la emergencia viral, andan votando a ciegas, a base de delegar el voto de los diputados en el portavoz, mayúscula malversación  del caudal representativo en beneficio del líder. Es decir, que usted elige al votar a alguno para que cobre una pasta gansa con la condición de que funcione como un polichinela en vez de como un representante. Los decretos de estos meses habrían sido validados de esta manera. Justo es reconocer la paciencia y humildad de los letrados de la Cámara.

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