Tapar los cencerros es, desde hace demasiado tiempo, la especialidad estratégica de la Junta. ¿La Ley de Transparencia, dicen? ¡Amos, anden! La última exhibición de cencerrismo la ha ofrecido la consejera de Educación al negar a los miles de opositores que picaron el anzuelo de «la mayor convocatoria qe vieron los siglos», la legítima consulta de sus ejercicios, cuya conservación cautelar piden ahora las criaturas por si acaso se tercia adjuntarlos en el contencIoso. ¿Por qué tanto secretismo, qué teme la consejera que suceda si se hacen públicos unos exámenes sobre los que ha caído el suspenso en un setenta por ciento? ¿Aprobarían esas opsociones esos tribunos suspendedores? ¿Y la propia Consejera, la aprobaría? Los cencerros, cautelarmente, quedan cerrados.

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