No es fácil la labor del periodista cuando debe revelar al público, como es su irrenunciable obligación, cuanto sabe. Sobre todo si lo que sabe concierne al Poder, porque entonces se verá fatalmente presionado por la exigencia de discreción tras la que aquel suele parapetarse. Una periodista, Florence Hartmann, que vivió en persona la guerra yugoeslava y fue luego portavoz de la fiscal del Tribunal Penal Internacional para Yugoeslavia (TPIY), Carla Del Ponte, acaba de ser condenada por esa corte a pagar una multa de 7.000 euros como pena de un delito de ‘ultraje’ cuya competencia, en discutibles circunstancias procesales, se atribuye el tribunal en cuestión. Lo que Hartmann informó en su libro “Paix et châtiment” (Flammarion), que tengo delante, así como en algún artículo de prensa, fue que el TPIY había negociado con Serbia el silencio de ciertos cargos enormemente comprometedores para Milosevic que, en consecuencia, supondrían graves indemnizaciones a favor de Bosnia, cargo terribles a cambio de olvidar los cuales Belgrado se comprometía a colaborar con esa instancia internacional creada ‘in extremis’ para sancionar las atrocidades perpetradas en aquella contienda infame. Dejando a parte que Hartmann no podría recurrir su condena más que ante el propio Tribunal –lo cual se ha dicho que nos transporta al reino de ‘Ubú’—la pregunta es qué debe hacer un periodista cuando conoce, por la razón que sea, secretos del Poder que constituyen auténticos delitos. Y la respuesta que el mismo Poder da es que ha de callar sin más, haciéndose cómplice de las responsabilidades. No quiero poner ejemplos caseros, pero el lector avisado sabe que los habría a manojitos.

Está reciente la sentencia que confirma la corrección de las investigaciones de este periódico sobre el 11-M, su extravagante circunstancia policial y el cierre judicial en falso del caso. Y también resulta que un periodista de esos trabajos, Antonio Rubio, anda pendiente de la petición fiscal de tres años de cárcel por la revelación de la identidad de uno de los soplones de la policía que, para más inri, conoce por el propio tribunal medio mundo y parte del otro medio. ¿Qué pretenden, que el periodismo calle, que la voz de la calle que la prensa representa se compinche a cencerros tapados con los responsables poderosos para engañar a la opinión? Seguro que, planteado así, una inmensa mayoría apoyaría la libertad del informador condenando a unos poderes que lo mismo pactan con un Estado criminal que sepultan bajo un monte de papel timbrado el mayor atentado de nuestra Historia. Pero sabemos, además, que desde Dreyfus al GAL, sólo el valor de algunos ha sido capaz de destapar la sentina del Poder. El TPIY, por ejemplo, acaba de descalificarse él solito. El que ha empapelado a Rubio tiene margen sobrado para no repetir el desatino.

11 Comentarios

  1. Ya ve usted como en todas partes ocurre tres cuartos de lo mismo. Si esa sanción se hubiera producido en España el griterío, el de usted incluido, llegaría a las nubes. Con independencia de lo cual estoy con usted en que el derecho y la obligación del periodista que conoce irregularides graves es informar de ello al público, y eventualmente a la Justicia.

  2. En una sociedad de la comunicación la Historia habrá que hacerla, más que nunca, teniendo en cuenta la información periodística. ¿Qué sabríamos de lo que ha ocurrido en la España «democrática» sin ciertas investigaciones que han destapado las cloacas del Estado? Pues si los periodista hubieran callado (y de hecho, callaron la inmensa mayoría), nada sabríamos de toeo ello.

  3. El periodista traiciona su oficio si calla. Para él, callar es ocultar. Otra cosa es que su fuerza real no siempre (o casi nunca) baste para afrontar el peso del Poder o de los poderes. En España estamos asistiendo a un espectáculo lastimoso de parcialidad en la prensa del que no se libra casio nadie, incluido su periódico, querido ja, aunque es justo reconocer que su periódico se la ha jugado muchas veces y cion resultados decisivos para la credibilidad de la prensa y de la propia democracia. Nunca se calle, buen hombre. Tengo entendido que usted sabe de sobra cual es el precio de la independencia y de la libertad. Por eso, si se deja «aflojar», como dicen que solía decir el autócrata Torrijos (el amigo de González), seguro que acaban «aflojándolo».

  4. Una solucion seria que una multitud de medios recogiesen la misma informacion; de esa forma no se podria perseguir y condenar a tanta gente y por otro lado la denuncia siendo urbi et orbe tratar de esconderla seria imposible. pero para eso deberia haber cierta solidaridad entre los distintos y politicamente enfrentados medios de comunicacion, television, radio y prensa.
    besos a todos.

  5. En España se ha protegido al límite la libertad de expresión, usted lo sabe, y eso es bueno pero requiere que los que tienen el derecho y el deber de ejercerla actúen con prudencia y moderación. Cuando la gente se queja de esta «permisividad» de los jueces olvida el «derecho a la información» sin el que un régime de libertades como es la democracia estría incompleto. Con don ja hasta el final de la columna: un pewriodista debe decir lo que sabe contra las preiones que sean. Y la Justicia debe velar por ese derecho/deber frente a un Poder que, como tantas veces hemos comprobado, tiende al silencio cuando le llegan mal dadas.

  6. Subrayo la afirmacion de mi don Eleuterio, hermoso nombre, vive Dios. A pesar de no ser santo de mi devoción, no me pierdo cada domingo la carta de don Pedroj_ta. Quizás se ha pasado lo suyo este domingo, aunque no es la primera vez, comparándose con don Emilio, pero hay que darle, o al menos intentarlo, al césar lo que es del césar.

    Habrá de pasar el tiempo y es probable que en las licenciaturas de periodismo o como se llamen para entonces, se estudiará el Galgate, de mayor consistencia aún que el watergate de Dicky Tricky. Es más que probable que a Rubio -y uno que creía que Rubio y Cerdán eran ya como Ramón y Cajal, pareja inseparable- se la tengan jurada para siempre. A los hechos me remito.

  7. («Urbi et orbi», madame Sicard).

    Como la mayóría y como jagm entiendo que sin esa libertad de información ninguna democracia sería posible. Otra cosa y muy distinta es que haga falta mucho valor para enfrentarse al Poder. El Mundo, no cabe duda, se la ha jugado muchas veces y aunque yo no comulgo con ciertas estrategias pertinaces he de reconocerle un tesón y un talento extraordinario manifestaod muchas veces a costa de tanto esfuerzo como riesgo de sus profesionales.

  8. Lector de varios periódicos –así de poliédrica es la España actual–, reconozco la tarea indispensable de El Mundo en esta materia de la investigación, tanto al Poder político como a los poderes fácticos. EM le ha atizado al PSOE lo que bien sabemos, pero no ha temblado a la hora de poner en la picota al PP, sin ir más lejos en los «casos» actuales, cosa que no podrá decir, probablemente, a mi juicio, quizá ningún otro medio español. Sólo ejerciendo ese derecho/deber del que ya se ha hablado hoy aquí y sobre el que tendría que reflexionar más este pueblo progresivamente aborregado.

  9. Escribir en España es llorar, dijo el clásico. En la prensa, hoy, algo más que eso: juagrse el pescuezo o claudicar como un gusano. Suerte tenemos de que un puñado de resistentes nos quede para un remedio. don joseantonio, para empezar, no se casa ni con… Gracias por eso y por su buen humor.

  10. a este tribunal el periodista le ha sesgado la hierba por debajo de los pies y lo ha dejado en evidencia ante el mundo, al final la verdad solo tiene un camino.

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