La presidenta de la Diputación se niega en redondo a dar información sobre su propio proyecto de aeropuerto. No quiere intromisiones, no quiere testigos, no se sabe por qué y exige una discreción que contrasta agriamente con sus frecuentes exigencias de información. ¿Qué pasa, que su superior criterio no merece ser “invadido” `por el de los súbditos contribuyentes? ¿Cuándo se enterará esta tropa de que quien paga tiene todo el derecho del mundo a saber cómo, cuándo y con quién se invierte su dinero? ¿Todo (o lo que sea) para el Pueblo pero, por supuesto, sin el Pueblo? Después de toda una vida (irá para treinta años, calculo yo) de vivir de la política ya podía haberse enterado esta mujer de algo tan elemental como es que el ciudadano no es un súbdito ni el político un sátrapa. Hay, además, muchas razones para que los onubenses escamados quieran saber qué pasa con ese gran proyecto que es también, no se olvide, un gigantesco negocio.

1 Comentario

  1. Parece increíble, y a veces me tengo la impresión de que estan hablando de otra tierra: ¿cómo es posible que nu proyecto similar no sea público?

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