La cita electoral, al disolver el Parlamentillo autonómico, deja con la palabra en la boca, por segunda vez, a una comisión investigadora que ha durado nada menos que tres años. En ambos casos se trataba de un escándalo manifiesto y de indudables graves consecuencias políticas, y en ambos los investigados se han ido de rositas. Menos mal que el pueblo soberano tiene escasa memoria (¡cuando la tiene!), porque si no, qué duda cabe de que daría la espalda, desengañado, a la comedia política. La sombra de la componenda gremial sobrevuela una práctica democrática cómplice unas veces de los tirios y en otras ocasiones de los troyanos. En la crónica parlamentaria sobran las pruebas de esta lamentable realidad que, una y otra vez, siega la hierba bajo los pies a esta democracia asediada.

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