Justo el día en que las Bolsas europeas se desplomaban y la mayoría empieza a no dar ya un duro por el euro ni por la Europa unida, y cuando, tras los sucesos de Israel, Inglaterra arde por los cuatro costados en medio de una insensata asonada, los “indignados” madrileños han encontrado en su asamblea su gran objetivo de combate: la visita del Papa. Dejarán a sus miembros en libertad para actuar en su contra –toda vez que resulta improbable una autorización gubernativa, incluso contando con Rubalcaba– al tiempo que se proponen organizar ente el Obispado una demostración masiva de apostasía. Ya ven, esos son los problemas que España y el mundo tienen planteados, por lo visto, en línea con una anacrónica tradición anticlerical de origen “ilustrado” que ha sido causa ya en nuestro país de demasiadas tragedias. Por supuesto no hay ni rastro de esas vejeces en el panfleto ya célebre de Hessel y mucho menos en el prólogo generoso que le ha puesto Sampedro a la edición española, pero eso no ha sido obstáculo para que, una vez más, el ataque a la religión se haya convertido en objetivo y cortina de humo tras la que disimular otros mucho menos asequibles como la rapacidad financiera, la prensa dependiente, la desigualdad social, la vulneración de los derechos humanos o la propia degradación de la partitocracia, todos ellos incomparablemente más incómodos y comprometidos de reivindicar. El problema de España se centraría en este momento, para esos improvisados revolucionarios, en un congreso cristiano ante el que, con toda evidencia, estos agitadores sobrevenidos e insustanciales han debido sentir un intenso celo escénico. ¿Qué representan, en efecto, unos miles de rebeldes vivaqueando por las plazas frente al millón que espera reunir en Madrid la todavía poderosa Iglesia? Ésa creo yo, sin dudarlo, que es la cuestión que subyace bajo los pies de barro de ese movimiento que, sin una sola idea original, se agota en su propia iconoclastia.

 

Por supuesto que semejante actitud entronca con la estrategia gubernamental mantenida por el zapaterismo durante los últimos siete años como una hijuela más de su anacrónico republicanismo frentepopulista. Pero, insisto, creo que el motivo de la extravagante decisión de interferir la libertad religiosa no ha sido otro que el temor de que la concentración católica deje en evidencia la mínima capacidad de convocatoria que, a pesar de tanta publicidad y tanta protección, ha logrado un desordenado movimiento que ni siquiera sabe dónde está ni a hacia dónde se dirige. Los celos son malos consejeros. Lo más probable es que lo comprueben enseguida estos espontáneos.

8 Comentarios

  1. La Iglesia es una potencia y se emplea a fondo en su propaganda, nadie lo dudará, pero de lo que aquí se trata es de constatar ese poder que, en comparación con el exhibido hasta ahora por nuestros protestantes callejeros, resulta aplastante. Sí, también yo me inclino a creer que los de Sol se han visto reducidos a su verdadera dimensión exagerada por las propagandas, al verse frente a frente con la multitud que se avecina. Celos escénicos es una expresión magnífica, no se puede resumir la cuestión con menos palabras.

  2. Usted no tiene ni idea de lo que habla. Conósnanos antes de decir tonterías. Nosotros no tenemos celos de nadie, menos de un puñado de beatos.

  3. No hagan caso, el anterior es uno de ellos, de los del bocata que nadie sabe quien paga, de esos a los que el Gobierno permitió burlarse de la Junta Electoral Central. Un puñado de cabreatis, con razón en muchos casos, pero incapaces de explicar lo suyo y, por eso mismo, marionetas en manos del bululú político.

  4. Amén, don jose, celos escénicos. Y eso que el espactáculo papal ni ha empezado todavía. Cuando salga en la tele será la suya, ya lo verán. Por mi parte, confieso que los “indignatas” (un éxito esa expresión) me han decpecionado. Se les ve demasiado el plumero y la ingenuidad.

  5. Usted lo ha dicho, los celos son malos consejeros, pésimos si me apura. Son los dirigentes de esa movida los que han debido plantearse la pregunta que hace la columna al final del primer párrafo.
    P.D. ¿Alguien sabe algo de don Griyo?

  6. Creo que poco tienen que ver los sucesos de Gran Bretaña con las actividades de los de aquí. Estos no saben ni lo que quieren. ¿Por qué si no se sacarían de la manga este numerito frente al Papa y esa memez de la apostasía que ya estuvo de moda entre ciertos ambientes en los años sesenta y setenta? En la radio escuché a jagm decir que si Rubalcaba proponía, como ha propuesto, buscarle un lugar estable al “movimiento” 15-M, ahí tenía la calle madrileña de Ferraz, justo por la zona donde el PSOE tiene su sede… Le doy toda la razón.

  7. Qué voy a decir yo hoy sino que coincido con casi todos, y que es una pena que un movimiento que tiene sobradas razones para indignarse se dedique a acciones tan poco razonables. Que lo siento por ellos y por todos. Tampoco esta vez parece que vaya a despertar el espíritu crítico que tanta falta está haciendo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.