Bronca entre la Onubense y la Hispalense, absurda confrontación celosa entre dos instituciones –‘universidad’– que desde el nombre contradicen ese espíritu mezquino. Lleva toda la razón el exrector Verger, ilustre latinista, cuando dice que no se le pueden poner puertas al campo del saber, y alguna menos cuando sublima con el argumento de que si algún membrillo con birrete ha boicoteado desde Sevilla los cursos de postgrado de Huelva, es porque nos tienen respeto y hasta, según él, miedo. Claro que en la Junta hay una dirección general que, a salvo la autonomía universitaria, debería velar porque no sucedieran estos despropósitos y, en última instancia, también hay una Junta de rectores en la que el nuestro debería dar el do de pecho hasta quebrar las vidrieras en el caso de que la autoridad –la que sea—no ponga las cosas en su sitio. Vetar a la Onubense es un absurdo y una mala acción, impropia de una universidad que ha sido una de las grandes. Pero si nos vetan tendremos que defendernos y exigir que se nos defienda.

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