El alcalde de una ciudad rusa situada en la Siberia Oriental y cercana ya a la frontera china, la ciudad de Tchitá, un personajillo en el partido que sostiene a Putin, ha saltado a la actualidad por haber declarado, sin tentarse la ropa, que “desgraciadamente” hoy por hoy no se dispone del derecho a disparar a bocajarro sobre los marginados ni se tienen los medios legales para liquidar tan enojosa cuestión. No me ha sorprendido del todo la declaración de ese monterilla, convencido como estoy de que a más de uno y a más de dos se le habrá pasado por la cabeza con anterioridad semejante “solución”, de hecho puesta en práctica por ciertos grupos paraoficiales en diversos países hace mucho tiempo. En Rusia fingen las estadísticas que puede haber no más de 350.000 “sin techo” pero los expertos aseguran que esa cifra no sería inferior, en ningún caso, a los cuatro millones de excluidos. Muchos hemos visto dormir mendigos entre bolsas de basura lo mismo en Londres que en Madrid y algunos han podido ser testigos incluso de la ayuda voluntaria que en los EEUU trata de paliar los estragos que, especialmente en invierno, sufren esos sectores malditos de nuestras sociedades, no siendo nuevas, ni mucho menos, las denuncias ante las agresiones de que esos desdichados vienen siendo objeto en nombre de muy diversas filosofías que han hecho de la crisis su argumento más eficaz. La experiencia dice hoy, además, que esa legión descarrilada ya no es la clásica constituida por el mendigo solemne o el bohemio irremediable sino que en sus filas militan muchos ciudadanos centrifugados por la coyuntura crítica que buscan su supervivencia en el auxilio extremo. El alcalde de Tchitá, un tal Anatoli Mikhalev que Dios confunda, querría fusilarlos a todos, en especial al creciente enjambre juvenil que no encuentra encaje social posible tras su salida de los albergues primarios. Pero en Brasil, en Australia, en nuestros propios países europeos, a más de uno le habrá rondado por la cabeza alguna “solución” por el estilo. El simple hecho de que un responsable lance esa idea sin ser triturado por el sistema habla por sí solo.

 

El sueño de eliminar a los pobres ha tenido diversas versiones. Entre ellas la de ocultar la realidad estadística o incluso prohibirla. Matilde Fernández, cuando era ministra, retiró a Cáritas la ayuda gubernamental por descubrir que en España había ocho millones de pobres. Otros prefieren, como se ve, técnicas más expeditivas para eliminar al testigo molesto, como ese alcalde bárbaro que se confiesa en público. Estoy por decir que casi prefiero a este bestia que a los asesinos emboscados.

9 Comentarios

  1. No admite comentarios el tema. Más interesante es la idea de que hay otras dormas de eliminar la pobreza. Los ejemplos son valiosísimos.

  2. Hay cosas que cuesta creer, y más aceptar que sigan ahí. Pone la carne de gallina la inhumanidad de ese salvaje, aunque me ha gustado mucho la advertencia de la colukna de que hay otras muchas formas de eliminar la miseria. Lo de Matilde Fernández, o sea, lo de Guerra, no nos engañemos, fue defintiivo y una prueba más del tragacurismo de estos meciocres.

  3. Supongo que el tal alcalde querrá eliminarlos no porque son POBRES sino porque son DELINCUENTES, y sin duda lo segundo sea consecuencia de lo primero.
    Es lo que pasa cuando una sociedad no sabe poner coto a la juventud, ni hacer respetar unas reglas claras pero mínimas y no da trabajo a los suyos. Es lo que nos puede pasar más rapidamente de lo que podamos creer porque ya está a nuestras puertas. Y serán quizás los más permisivistas los que se pasen al otro bando y reclamen mano dura contra unos desdichados que ellos mismos habrán contribuido a crear.
    Besos a todos.

  4. ¿Y le parece que por ser delincuentes podría ese alcalde querer eliminarlos, doña Marta? Creo que no se ha expresado bien porque la frase del alcalde es definitiva. Muy intreresante la llamada de atención sobre las “otras” maneras de suprimir la miseria.

  5. Aunque sea tarde no quier dejar de expresar mi espanto ante esa actitud. Vivimos en un mundo fuera de sí. Escuchar a un alcalde expresarse de ese modo nos deja el alma en los pies.

  6. ¿Pero es esto posible, no exagera nada? Supongo que no porque hasta veo comillas en el texto y se me revuelven las tripas. La irresponsabilidad de los políticos es asombrosa. La paciencia de los pueblos más todavía.

  7. El poder vuelve bestias a algunos, o peor que bestias, y lo asombroso es que nadie en su entorno levamte la voz. Me gustaría saber si lo que ha dicho ese energúmeno ha tenido alguna respuesta por parte de sus superiores, aunque tratándose de los Putin y compañía, casi mejor que no.

  8. Pensé que el resto de mi comentario dejaba más clara mi opinión, don Marción. Perdonen todos.

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