Alguien miente

No pueden llevar razón los dos si mantienen versiones contrapuestas: o el PSOE o el PA mienten cuando dicen a un tiempo que dijeron y que no dijeron lo que seguramente hubieron de decir sobre el concepto de Andalucía. Claro que si Chaves tiene ese papel comprometedor no tiene más que enseñarlo y si Álvarez conserva el presentado liquidaría el problema mostrándolo a los andaluces. En todo caso, saquemos tres conclusiones: una, que al peatonaje andaluz le da igual que le da lo mismo el nombre que quieran ponerle a esa contrahecha criatura; otra, que el PSOE no debe de tenerlas todas consigo ante la perspectiva de quedarse solo con IU en este absurdo enredo; y tercera, que esta última está quedando tan en ridículo como el propio Anguita ha tenido la gallardía de subrayar en esta páginas. No sólo son incapaces de interesar al ciudadano en la política, sino que se permiten quedar por mentirosos una vez tras otra como so eso fuera de recibo en la vida pública. Ni soñando tendrían un pueblo tan pastueño como el nuestro. Ni nosotros una caterva más desahogada y menos rigurosa.

Vivir a oscuras

Nada sugiere mejor el abuso demagógico de las mayorías parlamentarias que su oposición a permitirse a sí mismas investigar las cuestiones oscuras provocadas por sus propios partidos. Nada ilustra mejor la naturaleza del “régimen” de Chaves que el hecho de que en diez años haya impedido que el Parlamento soberano metiera las narices en nade menos que 53 casos más que sospechosos, lo mismo sobre el chanchullo urbanístico –tan incómodamente próximo a altos personajes del partido—como a los vergonzosos procedimientos usados para otorgar subvenciones (el caso del Ayuntamiento de Sevilla y sus facturas falsas se llevaría la palma en este sentido), pasando por los incendios forestales, los “pelotazos” de Canal Sur o las innúmeras contrataciones a dedo. ¿Por qué no quiere Chaves luz ni taquígrafos, cómo es posible que el electorado no perciba esta estrategia sistemática de ocultación? Hasta el TC ha debido hace días decirle a la Cámara andaluza que no es quien para impedir que las peticiones alcancen siquiera el pleno. Pero, de momento, ¡53! líos han sido enterrados en un decenio.

El mal ejemplo

Con lo bien que había quedado en su día la consejera de Igualdad condenando en Huelva al concejal que agredió a una mujer y le tocó el culo al otro, ahí la tienen ya defendiendo la recolocación política del condenado con el argumento de que a nadie se puede condenar al ostracismo. Ahí tienen también al alcalde de Alcalá de Guadaíra, justificando como “un tema personal” el hecho inconcebible de que el delegado de Hacienda del Ayuntamiento (¡el que firma las multas de tráfico!) haya estado conduciendo sin carné durante diez años. La “razón de partido” todo lo nubla, convierte en pardos todos los gatos, hasta los más farruquitos, del tejado público, hace que pierdan comba ética y moral incluso los personajes aislados que se han distinguido por desafiar –durante un ratito—esa lógica lamentable. Los partidos están desorbitando el mal ejemplo en lugar de ejercer esa pedagogía de la política que todos invocan en los momentos retóricos. Al enemigo, ni agua; al compañero, gloria bendita. Bien pensado el carné que le faltaba a Farruquito no era el de conducir, era el otro.

La patria divisible

 

Eso de “nacionalidad histórica” que dice el chavismo ahora que es Andalucía es un puro disparate, porque nacionalidad es a nación lo que humanidad es a hombre. Si fuera de otra manera, es obvio que los catalanes hubieran procedido al revés de cómo lo han hecho y la nacionalidad histórica serían ellos y no nosotros. Ahora bien, juegos de palabras aparte –porque lo de “Andalucía es una nación”, que proponían a dúo desafinado IU y PA, también tenía guasa–, Chaves acaba de dar un paso irreversible: proponer que se suprima en el futuro Estatuto la mención constitucional de “la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. ¿Qué motivo tendrá Chaves para repudiar la unidad de España, qué razón le asistirá para rechazar la idea de que España sea la patria común e indivisible de todos? Es posible que se les vaya de las manos esta almoneda y la subasta acabe como el rosario de la aurora. Chaves lo va a tener difícil, en todo caso, para explicarle a los andaluces este modelo mísero y entreguista de España que su partido necesita para mantenerse por ahí.

De enmendalla, ni hablar

 

No tenía salida decorosa para la consejería de Educación de la Junta de Andalucía frente a la moción parlamentaria en la que el Partido Popular la instaba a “personarse jurídicamente y de oficio” e todos y cada uno de los casos de “violencia escolar, tanto física como oral” que de hecho se sustancien ante los tribunales. Claro que tampoco tenía fácil aceptarla, después de años negando esa violencia y proponiendo chorradas como estimular el “buen rollito” y hacer planes para la paz y concordia de esos que la basca se pasa por el forro. En un término medio, doña Cándida, ese azote de la enseñanza, ha concedido que, vale, que la Junta, en adelante, “ampliará el apoyo en materia de asistencia y protección jurídica a los profesores para defender sus intereses”, extraña providencia teniendo en cuenta que parte de la Junta de que el peligro no existe. Bien, mejor eso que nada. También es verdad que no todo lo que ocurre en el patio escolar es culpa de esta extravagante responsable y que alguno vendrá que buena la hará.

Culpables y “paganos”

 

Se ha quejado con razón la consejera de Igualdad y Bienestar Social, Micaela Navarro, de que el error de los jueces al calcular mal la indemnización a una madre a la que su consejería habrá de pagar una subida indemnización en compensación de los perjuicios causados, que ciertamente ha sido irreparables, hayan de ser afrontados ahora por los andaluces. Lleva razón la, por lo general, discreta consejera, salvo en un par de cosas: en que, para empezar estos lodos vienen de los confusos polvos burocráticos de su departamento, que hace años que hace y deshace en franco pugilato con jueces y familias; y en que, si la Junta (la consejería de Justicia) proporcionara a la Justicia el apoyo que le regatea, tal vez todo iría mejor y los jueces se equivocaran menos. ¿No tienen que pagar los andaluces cada vez que ese SAS agobiado por la escasez de recursos es condenado por una operación mal practicada o por un diagnóstico fallido? Vea la consejera que, puestos a hablar de culpables y ‘paganos’, habría para toda una eternidad. Seguro que su probada sensatez acepta esto en el fondo, aunque, naturalmente, no lo diga.