El tejemaneje

Lo de la Junta y los funcionarios merecería un estudio aparte. Sin salir del fin de semana, ahí tienen, por un lado, la denuncia de la propia Cámara de Cuentas sobre las irregularidades, según ella patentes, perpetradas por la fundación Andalucía Emprende en la contratación de su personal; y por otro, la alerta sindical que avisa de que la Junta encarga los cometidos más delicados al “personal amigo” –¡pues vaya novedad!– procedente de la Faffe, una fundación legalmente cerrada hace lo menos siete años. Pero no se preocupen porque no pasará de las denuncias, dado que es en ese tejemaneje donde el “régimen” afirma sus raíces. Tanto, que la primera mencionada se gasta la casi totalidad de su presupuesto en pagar los sueldos a sus legionarios. Como Juan Palomo, ya saben: “yo me lo guiso y yo me lo como”.

¡Lo que hay que oír!

Gran debate parlamentario el de antier sobre nuestra situación política. El Poder prometiéndolo todo de cara a las elecciones –hospitales por doquier, mejoras sanitarias decisivas en educación, cultura y política familiar…– y la oposición, como siempre, golpeando el hierro en frío: desde el PP, un presidenciable bramando contra el uso de las “tarjetas black” (¡) y prometiendo crear 600.000 empleos al año pero sin explicar cómo; desde Ciudadanos, el “socio para todo”, arañando sin lastimar a una Presidenta a la que acusa, sin embargo, de haber sido nada menos que “un muro a las aspiraciones de los andaluces”; y desde “la izquierda a la izquierda”, coreando la Varsovianka a dos voces, como es habitual. No hay comedia más previsible ni cambalache más rentable. Nadie trabaja tan eficazmente para el jacobinismo como las autonomías.

En el telediario

Otra vez nos exhiben en el telediario, expuestos en esa picota nacional a la contemplación de propios y extraños. Las imágenes no tienen desperdicio: el famoso asalto a un hospital gaditano a cargo de una violenta banda de narcos para rescatar a uno de los suyos, ilocalizado todavía hoy. Cuesta creer que se haya alcanzado semejante punto de anomia pero, sobre todo, urge tranquilizar a la población con medidas que evidencien la determinación del Estado a no consentir que cuaje esa “nueva Colombia” que supondría su fracaso absoluto. Mano dura e inversiones, política y policía, no queda otra, si se quiere evitar que en nuestra empobrecida Andalucía fragüe un nuevo Caribe. Tras casi medio siglo de democracia, nos merecíamos salir mejor tratados en el telediario.

Un profesional

Hay sujetos que han visto evolucionar su presunto “idealismo” hasta hacer de la política una cómoda y pingüe profesión. Como el veterano agitador Diego Cañamero –decenas de sanciones judiciales en sus anchas espaldas, asaltos a supermercados, ocupación de fincas y otras proezas— a quien en Jaén deberían pensárselo antes de volver a votarlo diputado en las listas de Podemos. Tras el mamarracho de ofrecerse para ir a prisión en lugar de los golpistas catalanes, por la Red corre ahora un vídeo en el que reclama el apoyo a esos presos de ETA que tantos andaluces mataron. Encumbrado en la política, no recuerda ya cuando se decía aquello de que ETA ponía los verdugos y Andalucía los muertos, en su mayoría pobres o modestos trabajadores públicos. Normal: es un profesional y va a lo suyo, aunque él dirá, probablemente, que no es el único. Y en eso lleva razón.

Habitación oscura

La habitación más oscura de la Junta es posible que sea la Faffe, ese organismo no poco fantasmal, masivamente servido por “no funcionarios” fieles al “régimen”, al que ahora reclaman en vano – desde la UCO y la propia Fiscalía— los papeles de su gestión económica. ¡Ni al juez le remite la Junta esa documentación que, al parecer, probaría que, aparte de sus nebulosas ¡13 cajas!, habría manejado las famosas “tarjetas black” que tanto ruido hicieron cuando se las pillaron al PP madrileño. Lo que uno se pregunta es qué quiere decir eso de que la Junta no envía al juez lo que éste le reclama, porque ¿se imagina lo que le nos pasaría a usted y a mí si osáramos hacer lo propio? ¡Ni a la benigna juez sustituta le hacen caso al parecer, que ya es decir! Decididamente hay cosas en nuestra extraña Justicia que se entienden aún menos que las de la política.

ERE que ERE

Permítanme el metaplasmo para expresar la contumacia, pero es que Magdalena Álvarez –la antigua “lady Aviaco”, ¿se acuerdan?— se ha venido arriba desde el banquillo de los acusados para proclamar que, tocante a su actuación en el ruinoso enredo de los ERE, ella “no cambiaría nada de lo que hice ni de lo que no hice”. ¡Erre que erre!, ya lo ven. Y lo dice el mismo día en que resuena la voz de un juez eminente puntualizando que “un alto cargo no puede estar años y años firmando papeles sin enterarse de nada”, sabia conclusión que viene a coincidir con la que en el inconsciente colectivo reposa desde hace mucho. Parece que alguien tiene un “problema singular” pero está más claro que agua que, en esta ocasión, no es el magistrado.