De matute

La aprobación de matute de una norma, es decir, camuflada en el “cajón de sastre” (la expresión viene de los juristas, ojo) de la Ley de Acompañamiento del Presupuesto es, desde hace muchos años, una maniobra habitual y, todo hay que decirlo, no sólo en la Junta de Andalucía. Ahora, por ejemplo, en ese “cajón” viajará de matute la reforma del impuesto sobre la herencia que doña Susana ha concedido a Ciudadanos en pago de sus servicios y a cencerros tapados. Ni siquiera el rapapolvo del Consejo Consultivo de Andalucía –que pronunciado así parece mucho más de lo que en realidad es— y su dictamen de que tal reforma exige una ley propia y separada, inquieta, sin embargo, a un Parlamento cuyo presidente más parece un obsequioso juntero que un legislador. El “régimen” funciona siempre. Esta temporada apuntalado por C’s.

Papas fritas

En el larguísimo debate parlamentario de ayer, sus Señorías compitieron entre sí perorando sobre las patatas. No es extraño, habida cuenta de la degradación clamorosa de la nueva clase política: ayer en el Congreso, junto a la metáfora patatera, había, en efecto, muchos/as, muchísimos “papas fritas”, demasiados sobrevenidos, escaso nivel y menos categoría. Cuando se mencionó a Azaña y se estremeció el hemiciclo, como es natural, aunque dudo mucho de que la mayoría diputada tenga una idea siquiera mediana de quién fue aquel famoso al que no le tembló la mano para aplicar la ley en un conflicto similar al que hoy padecemos en Cataluña. Y lo siento, pero hubo un solo orador con talla de estadista: Rajoy. Justo ése contra el que se confabulan tirios y troyanos como si este caos se arreglara echándolo a él.

Mapa de la vergüenza

Ilustran ese mapa que ayer publicábamos 6 colores, desde el gualda claro de la prosperidad al triste morado del atraso, y Andalucía aparece en él tintada de ese color. Tras más de tres decenios de “régimen” y la millonada recibida de la solidaridad europea, nuestra comunidad autónoma –junto con el Mezzogiorno italiano y la Grecia arruinada– sobrevive con una tasa de paro máxima, una mermada población activa, un raquítico PIB y una población mal instruida, siempre por muy debajo de las medias española y europea. ¿No es evidente el fracaso de nuestra autonomía, por qué se mostrarán tan optimistas nuestros rabadanes si el rebaño ramonea famélico a duras penas? Quien dirige este diario se quejaba antier aquí de la pasividad social. No seré yo, desde luego, quien le discuta su razón.

¡Al pulpo, ni reñirle!

Con el ruido catalán se nos han escapado algunas de las mejores. La imagen del Parlamento andaluz, por ejemplo, votando una espartana proposición podemita que pretendía reducir los escandalosos “privilegios económicos” de sus Señorías. Pero, ca: a la hora de recortar la pasta se han unido como un solo voto, a fin de evitarlo, el PP mayoritario, el poderoso PSOE, los “moralizadores” de Ciudadanos y los escombros de IU, para que todo siga igual y el festín continúe. ¡Al pulpo, ni reñirle! Nada cambiará, pues, dado que los diputados, a diferencia del resto de los currelantes, son los únicos que establecen e imponen libremente sus beneficios y sus condiciones de trabajo. ¡Qué razón llevaba Chaves cuando advirtió que “con las cosas de comer no se juega”! Si lo sabría él…

La otra mitad

Gran exhibición la que ayer hizo la “muchedumbre silenciosa” de Cataluña apoyada por el inmenso coro español. Su rotunda presencia deshizo la falacia del país ocupado en busca de su independencia, pero evidenciando la realidad de un pueblo partido en dos mitades enfrentadas como los gañanes del cuadro goyesco. La sociedad ha dado una lección soberana a sus instituciones y éstas no deben olvidar esa irrefutable imagen ni desoír el doble mantra que atronó la calle: el “¡viva España!-¡visca Catalunya!” y el “Puigdemont a prisión”. Todo será más fácil desde ahora para el Estado aunque, sin duda, queden unas peligrosas manos pendientes en la partida de la tramposa timba secesionista. Se acabó, pues, la fábula y ahora hay que rematarla con una moraleja. Tan feliz como permita la circunstancia, tan implacable como merezca la sedición.

El tercer pie

El golpe separatista no tiene otra solución que la unidad patriótica del “bloque constitucionalista” –es decir, PP, PSOE y Ciudadanos— frente los enemigos de la legalidad. Pero lo malo es que no hay un PSOE sino tres o cuatro: el de un Sánchez ambicioso y los suyos, que buscan el poder, sin más; el de un PSC que se agarra a la ambigüedad para disimular su fracaso; el andaluz, que muestra lealtad al Gobierno aunque nade y guarde la ropa; y el de los padres del invento que, como antier González y ayer Guerra, se aferran a la E de español, censurando los enredos sanchistas, abogando por la aplicación del 155, defendiendo el uso legítimo de la fuerza y hasta sugiriendo la intervención del ejército frente al caos. Para bien o para mal el futuro está en manos de este revoltijo.