Gaudeamus Igitur

Nueva ocurrencia demagógica de la Junta de doña Susana: premiar con la gratuidad al simple “aprobado” universitario rebajando hasta al suelo el premio inmemorial otorgado desde siempre a la excelencia, es decir, a las “matrículas de honor”. Un paso más en la socialización de la mediocridad, perfectamente explicable si se considera el nivel académico medio del pretorio susanato, Presidenta incluida, y una garantía de que, en adelante, todo irá a peor en el gallinero universitario andaluz. Eso no es democratizar la enseñanza sino adherirse al funesto camelo de que, más que el “alma mater”, lo que importa es la “universidad de la calle”,  y acreditar el principio de que, como se ha sostenido ido alguna vez, “to el mundo vale pa to”… siempre que tenga un buen carné de partido. Nos aguarda un futuro tan ignorante como nuestra dirigencia xxxxx FIN

 

Toca “currar”

Menos mal que la presidenta Díaz ha decidido dedicarse a lo suyo, es decir, a su presidencia, una vez perdida su personalísima batalla por la silla de Madrid. Porque buena falta hace. No tienen más que considerar esos indicadores solventes que aseguran que Andalucía tiene el mayor índice de pobreza de España o que casi la mitad de los andaluces (el 43’3 por ciento) está atrapado en el “círculo de la pobreza”. ¿No estudian esa realidad los biempagados sondeos afines a la Junta? Los estudiosos cuentan que los andaluces en situación de exclusión social superan ya el millón, lo que no deja de ser curioso dado que el PIB regional, como el nacional, va subiendo. Toca “currar” –lleva razón doña Susana– pero mirando hacia abajo, no hacia arriba.

Bendita maldición

Todo anuncia que los datos sobre el empleo que facilitará hoy el Ministerio de Trabajo serán buenos hasta en Andalucía y que los futuros seguirán siéndolo, sobre todo gracias al incremento del turismo aunque no sólo de eso. Desde la Junta se va a aprovechar el hecho, insistiendo en el aumento de la ocupación y, consiguientemente, también en el de la afiliación a la seguridad social. La misma letra con la vieja música: si el paro aumenta, la culpa es del Gobierno; si disminuye, el mérito será de la Junta. Hay que agarrarse a lo que sea una vez perdida la batalla de Madrid y quizá por ello doña Susana le ha dicho a los suyos, ¡asómbrense!, que “ahora toca currar” y centrarse en Andalucía. ¡Menos mal! Hasta ahora, por lo visto, “no tocaba”.

El misterio de Marta

Por octava ocasión ha fracasado la búsqueda de los restos de Marta del Castillo, la joven asesinada en Sevilla en 2009. Una vergüenza, pero, sobre todo, algo incomprensible. Policía y judicatura hacen lo que pueden, que es, por lo visto, menos que nada, zarandeados por un asesino confeso y sus cómplices que han variado sus versiones sobre el crimen cada vez que les apeteció. ¿Cuánto le lleva costado a los contribuyentes españoles esta tomadura de pelo de los malevos? El común de los mortales no comprende por qué no se determina que el asesino y los implicados permanezcan en la cárcel en tanto no aparezca el cuerpo del delito. Yo tampoco, lo confieso, y no logro entender cómo un puñado de niñatos puede torear al Estado y  mantener viva esta triste y costosa farsa durante tantos años.

Murphy no falla

Ya conocen la llamada ley de Murphy, aquella que asegura que todo cuanto puede empeorar en la vida, empeora. La galería de retratos del “régimen” autonómico andaluz te convence de ello, a poco que eches una mirada al pasado de nuestro liderato que, mejor que peor, ha ido reduciendo su estatura intelectual y política sin prisa ni pausa. No pararé en nombres, para qué, pero al leer que ese artefacto de ZP que fue la hoy ex-ministra Susana Aído acaba de declinar la presunta posibilidad de dirigir el PSOE regional, concluye uno que, fatalmente, ese proceso de declive y jibarización de las categorías políticas tiene toda la pinta de apuntar al mismísimo “grado cero” del talento. Que Aído “renuncie” a dirigir Andalucía no es sólo una bobada, es, además, un insulto.

Así no hay manera

Por fin se cierra el “caso Astapa”, otro saqueo municipal, el ocurrido hace casi 11 años en Estepona. ¿Cómo quieren acabar con la corrupción si la Justicia se arrastra como una tortuga? Habrá corrupción –y no sólo en las instituciones políticas, sino en la sociedad en su conjunto— mientras, atolondrada o calculadamente, se mantenga un sistema judicial caquéxico y el consiguiente disparate interno que hoy rige a esa imprescindible Administración. Como en los ERE, como en Invercaria, como en la broma y rapiña de los fondos de Formación…, el “caso Astapa” demuestra que, mientras una instrucción se deslice por sistema hasta el límite de la prescripción, los filibusteros de cuello blanco se irán de rositas. La Justicia no se arregla porque los políticos no quieren. Ésa es una evidencia que desmoraliza a los jueces.