Ni con agua caliente

¡Que no, que ni con agua caliente están dispuestos estos “sin oficio” a arriesgar sus poltronas! ¿Dónde quedó el propósito –que ya hizo ZP en Granada nada más llegar— de limitar los mandatos? El fracaso de la estrategia partidista de doña Susana (que quizá tiempo tendremos de lamentar: “Alguien vendrá/ que bueno te hará”, dice el antiguo adagio) ha hecho virar en redondo al susanismo que ahora, con el descarado apoyo del biempagado Consejo Consultivo de Andalucía, defiende la continuidad “sine die” del alto cargo y a vivir que son dos días. Los profesionales del grupo parlamentario del PSOE han ganado esta mano con el estrambótico informe de aquel organismo expletivo. Con tal de asegurar el pan y dormir tranquilo, cualquier cosa vale.

Unos y otros

Zafarrancho en los partidos hegemónicos andaluces. A doña Susana le ha salido ya –¿dónde estaría hasta antier ese rebelde?— un competidor que aprovecha la marea que sopla desde Madrid, y en el PP parece que también toman impulso para dinamizar un partido que, no se olvide, ya ganó una vez las elecciones autonómicas precisamente bajo la mano fuerte del que se susurra que sería el nuevo líder: Javier Arenas. Es obvio que, sobre un pasado lastimoso, el futuro se vislumbra imperfecto, y que unos y otros andan reinando ya sobre un cambio capaz de aprovechar la coyuntura crítica que vive la región. Nunca lo tuvo peor el partido en el poder ni mejor su eterna oposición. Ahora va verse si de verdad esos líderes compiten por la autonomía o tan sólo por su ambición personal.

Tercer mundo

No sólo los sufridos padres han debido llevar este verano andaluz sus ventiladores al colegio donde el calor asfixiaba a su prole. También las familias de enfermos estabulados en el Hospital Clínico de Sevilla –nada menos—han debido arrimar su abanico en las saharianas habitaciones. No es que no se cumpliera en tantos años la promesa de Chaves de individualizar las habitaciones hospitalarias o se eternizaran las listas de espera; es que este buen sistema público sanitario tan mal gestionado por la Junta no ha sido capaz siquiera de atender a necesidades tan básicas e imperiosas como la de regular la temperatura de los centros. La sanidad andaluza funciona, sin duda, gracias a sus sanitarios y, sin duda también, a pesar de sus políticos.

Erre que erre

Un año más, la foto de la “concertación”: patronos y síndicos celebrando la derrama de millones ofrecidos por la Junta para garantizar la “paz social”. No importa lo que ha llovido –incluso en los Juzgados—sobre esos “agentes”, ni que aunque el PIB suba en España baje en Andalucía, y muchos menos que Cáritas anuncie el secreto a voces de que ya rozan la exclusión social incluso no pocos ciudadanos con trabajo. La Junta se atiene al viejo guión y no hace mudanza sino que mantiene esa foto embustera mientras han debido pasar ¡5 años! antes de devolver la luz verde a los cursos de formación de parados que suspendió asustada. Erre que erre. La autonomía del régimen es un don Tancredo ante el toro abanto de la crisis que oculta esa foto vieja.

Mapa en rojo

En los pasillos del Parlamento andaluz puede leerse una discreta advertencia estival a sus Señorías advirtiéndoles de los rigores de su climatización: “No te quedes helado”. En los colegios resuena la voz de los padres calificando las instalaciones de la Junta como “saunas” en las que ellos mismos –¿quién si no?— han de buscar con chapuzas soluciones ante la ola de calor. Claro que la Junta sabe que las vacaciones están cerca y con la obligada diáspora de los alevines desaparecerá el problema… hasta el año que viene. ¡Bastante tiene la Junta con la derrama milmillonaria que suponen los ERE, el saqueo de los fondos de Formación o el trampantojo de Invercaria! Profesores y escolares pueden asarse sentados bajo la canícula, seguros de que no serán sus responsables políticos quienes les alivien el trance.

Liderato menguante

La presidenta andaluza –Bono dijo de ella, tras su primera aparición, que había “nacido una estrella”— parece que ya no es lo que era. No había más que verla antier en el Parlamento, intentando el bandazo a una izquierda ya ocupada por los radicales y matizada hasta por el socio de gobierno, ese Ciudadanos (C’s) que un día finge que le enseña la batuta y al siguiente vuelve con la palangana. Doña Susana era más que nada un espejismo en este desierto político y se ha visto arrollada sin remedio por la duna de la derrota. Pues nada, a inventarse otro astro imaginario y adelante con los faroles. Teniendo en cuenta que ni IU ni C’s pueden volver a vendernos la burra de la alternativa crítica, no se explica cómo el PP no pica espuelas e lugar de entretenerse en peleas internas.