Zoología política

Los zoólogos/as de la Junta andan gastándose el dinero, no en una campaña para sensibilizar al personal con la miseria de la “renta mínima” (¡y tan mínima!) que el “régimen” acaba de inventar, sino en intentar exterminar al varón desconsiderado que, piropeándola, acosa a la hembra en la vía pública. “¡No seas animal!” es el lema de una ridícula campaña que busca “normalizar el papel de la mujer como objeto sexual” (¿?) hasta conseguir la “exterminación” (sic) de esa fauna agresiva. ¡Más pamplinas y más despilfarro en una autonomía que tiene la vida pública en manos de mujer desde la Presidencia hasta la Hacienda o la Salud! Da grima escuchar esa clasificación heterófoba del varón “gallito”, “buitre”, “búho” o “pulpo”, que resulta tan parcial e injusta como grotesca. De Cleoptara a madame Curie, la mujer no necesitó nunca de estos trampantojos para afirmar su rotunda realidad.

El Gran Poder

Todo Poder tiende a ser absoluto: el que no lo consigue es porque no puede y el “régimen” que gobierna la autonomía desde siempre nunca fue una excepción en esa materia. Última demostración, que viene a sumarse a tantas otras: el ukase de doña Susana ordenando vaciar por completo de rivales al Consejo Consultivo, ese chiringo expletivo pero costosísimo, sin otra función que asilar a ilustres acreedores partidistas y lustrarle los zapatos al Jefe. Un “crítico” parece que había en él y ni a ése han dejado, porque será sustituido por una “compañera”, fiel a prueba de nómina, en pro de la unanimidad. No tiene remedio, lo sabemos desde Alejandro y César. Que hayan menguado las tallas es lo de menos. El fondo de la cuestión –la irresistible tendencia al absolutismo– no ha variado ni poco ni mucho.

Sin plan que valga

Se ha dicho en muchas ocasiones: en más de treinta años, el “régimen”autonómico andaluz no ha sido capaz de idear un plan de desarrollo que merezca tal nombre. Vamos a ciegas, a trompicones incluso, como quien dice, viéndolas venir pero sin saber a dónde nos dirigimos. Con una industria flaca y un sector servicios galopante, sólo un turismo animado y masivo –que también tiene sus costes, claro— centra nuestra actividad económica. Y ahora son los mismos empresarios de esta primera industria quienes se quejan de la escasa capacidad adquisitiva de nuestros visitantes, reclamando una demanda de mejor calidad que es como pedir que lluevan perdices. ¿La Junta? La Junta se aferra a su estabilidad –a seguir como sea, se entiende— pero sigue ciega y sorda. Entre docenas de “planes” faltó siempre ese Plan que ahora parece que es urgente.

Ahorro en Sanidad

El uso forzoso de medicamentos “genéricos” establece, de hecho, y contra el criterio de muchos médicos, dos asistencias médicas en el sistema público de salud (SAS): una para pobres y otra para acomodados. Un triste e inadmisible recurso con el que, a costa de la salud de los menos favorecidos, la Junta –¡tan ahorradora, por las que hila¡– dice que reduce su gasto catastrófico. Y ahora, la Comisión Europea y el Defensor del Pueblo Español andan investigando lo que consideran una discriminación insultante infligida a los andaluces por su propia autonomía. ¿Por qué un andaluz enfermo ha de tratarse con fármacos tercermundistas mientras en otras comunidades lo hacen con los genuinos? Con tantos millones revoloteando por los despachos, realmente está discriminación resulta insufrible.

Vergüenza torera

Los funcionarios de la autonomía han dicho que no, por segunda vez, a las trampas de la Junta. La primera ocurrió cuando se tentó con dinero a los profesores para que mejoraran las notas a fin de “maquillar” los resultados, y estos rechazaron dignamente esa ignominia por aplastante mayoría; la segunda acaban de protagonizarla los “white collars” de la Junta –el colectivo laboral más sufrido en manos de estos aficionados— al rebelarse en masa frente a la degradante solución del “trabajo no presencial” que entienden, con razón, que deteriora su imagen colectiva. Doble lección de los profesionales a unos políticos que no se atienen a otra regla que aquella que propicia sus intereses. ¡No, gracias! Nadie mejor que ellos saben que en ese truquismo estriba, en gran medida, el múltiple fracaso de nuestra aventura regional.

Lío en el plenario

Cuesta seguir el ritmo que agita el plenario de los ERE en medio de la algarabía de unos y otros. Sube la tensión el PP pidiendo la comparecencia de la presidenta Díaz, que al PSOE le parece ridícula quizá porque no recuerda ya cómo se obligó a Rajoy a testificar en el caso Gürtel ni repara en que ahora mismo sus letrados estén reclamando que comparezcan los altos cargos de la época de Aznar. Lo que nadie hace es preocuparse del dinero defraudado, que se perderá a buen seguro, ni del desprestigio institucional y político creciente al que están contribuyendo entre todos. Es grande la irresponsabilidad de muchos políticos sumidos en el desconcierto y atentos sólo al “sálvese quién pueda”. Ciertamente, la foto de ese banquillo puede producir aún daños mayores de los ya ocasionados.