El pulgar asesino

No me siento tranquilo viendo a la santa infancia entretenerse en sus “nintendos” jugando a matar. No entiendo en nombre de qué libertad suicida pueden permitirse juegos que fomenten el instinto exterminador al que la imagen virtual le ofrece ahora posibilidades sin límite. Hay en este momento en el mercado juegos (¿infantiles?) consistentes en destruir…

Color salmón

Hay pocas personas que entiendan lo que está ocurriendo en la economía mundial. Más allá de la explicación de la “burbuja” famosa, convertida hoy en un auténtico “big bang”, malamente puede explicarse la fragilidad del sistema financiero y, su consecuencia, el carácter aleatorio que súbitamente se ha descubierto en la propiedad. No necesita explicación lo…

El hombre invisible

A muchos nos ha dejado de piedra, ¡pobres pardillos!, la noticia de que los iconolastas de WikiLeaks han hecho pública una ficha de los servicios americanos en la que constaban datos tan exclusivos como los teléfonos personales del Rey o del Presidente del Gobierno. Es la culminación, por el momento, de un movimiento dirigido, al…

La jungla escolar

Hace años que venimos bregando con el fatal problema de la indisciplina escolar o, por decirlo de manera más contundente, de la quiebra de la autoridad del docente. Mi tesis es que es esa quiebra no es más que un caso particular de la regla general que rige en el conjunto de nuestras sociedades (insisto,…

La sagrada familia

Releo la polémica den Engels en torno a la familia, sus diatribas contra las cábalas de Taylor, Bachofen y Morgan, sobre todo de éste, su fulminante y despectivo repudio del “factor religioso” que siempre actuó en esta materia, su condena de la herencia mosaica. Engels entendía que cuando la hembra se liberara de su función…

La dieta cultural

Cada día está más claro que no se quiere leer. Adelgazan los libros , proliferan los resúmenes, Internet abastece unan cultura de solapilla y síntesis que está poniendo a dieta a una sociedad claramente decantada por la apuesta audiovisual. Queremos ver a la Karenina o a la Bovary, no perseguirlas por los renglones, nos quema…