La comedia tránsfuga

 

Después de Gibraleón, Beas, y luego, ya veremos. El PP exige al PSOE que garantice que los tránsfugas no volverán a sus filas. ¿A quién querrán engañar unos y otros, acaso no sabe todo el mundo que el transfugazo de Gibraleón fue saludado con vítores y respaldado por la presencia de dirigentes de primer nivel provincial que celebraron como propio el hecho de que sus ediles “abandonaran” su grupo municipal y formaran gobierno por su cuenta? Hay que tener poca vergüenza para decir que a los tránsfugas de Gibraleón se les expulsó del partido tras su estudiado asalto al poder y que a los de Beas ya se les había echado antes de que dieran el golpe. Pero hay que ser primos para pedirle a los organizadores de estas tropelías que castiguen sus fieles ejecutores. El PP tiene experiencia sobrada, como todos los partidos, como para saber que no hay tránsfuga sin autorización del partido (del que sea) en el bolsillo y, a veces, con algo más que autorización. Son los ciudadanos quienes han de tomar sobre sí la carga de interpretar los hechos y votar en consecuencia. Si consiguen que no les tomen demasiado el pelo ya pueden darse con un canto en los dientes.

Larga precampaña

 

La precampaña de las municipales va ser dura en toda la provincia, pero será de coco y huevo allí donde hubo cismas ciudadanos y en la capital, suyo Ayuntamiento es obsesivamente contemplado por al frustrado “aparato” del PSOE como la “joya de la Corona”. No tiene más que considerar la yenka que se trae el barrerismo en torno a un despistado Pepe Juan que ignorará su suerte hasta que una mañana le presten el maillot para la carrera o le quiten hasta el que guarda de recuerdo, el globo-sonda de las “primarias”, la presencia forzada de Parralo más allá incluso de la discreción. O lo que ocurre en IU, donde la digna retirada de Manolo Rodríguez deja el campo libre a los oportunistas al tiempo que permite entrever, siquiera fugazmente, un destello del viejo estilo ético. Del PA mejor no hablar, porque no hay por donde cogerlo. De modo que va a ser larga la campaña, al menos hasta que se dilucide en las alturas –normalmente en Sevilla—quién saldrá en el cartel principal. Pedro Rodríguez nunca lo tuvo más difícil… ni más fácil.

Dividir por dos

No ha de tardar el día en que quede clara la temeridad que se está cometiendo en Huelva, alentada sin duda desde el Poder, la locura que consiste en dividir por dos a los pueblos, en enfrentarlos en fratrías calcadas de los partidos como si estos –legítimos instrumentos de la representación– pudieran convertirse en modelos de la vida. Se divide en bandos enfrentados, por razones de poder municipal, al pueblo de Gibraleón o al de Beas, se enfrenta a los pueblos de la Sierra por la conveniencia electoralista del CHARE, se siembra y abona el guerracivilismo más injusto y feroz en Almonte, en Bollullos, en Valverde… Los onubenses se están partiendo en dos, manejados por los maniqueos de partido y por los granujas que viven de ese lío. Mala cosa, porque todo lo fácil que puede resultar romper un pueblo resulta luego difícil a la hora de recomponerlo. Hay en el PSOE muchos militantes que no están de acuerdo con estos suicidios. Si callan –ay, el buen gobierno de las tripas—han de llevar también ellos su parte de responsabilidad.

Más difícil todavía

Más difícil todavía: la moción de censura o lo que fuere presentada en Beas contra su singularísima alcaldesa por concejales de su propio partido en unión y compaña de otros del PP y del PA, moción que la oposición ejercida por estos dos últimos está convencida de que consiste, en realidad, en una inconfesable maniobra “del PSOE contra el PSOE”. Rara cosa, porque se parte de que ni PP ni PA aceptarán nada a cambio y permitirán, en todo caso, que el PSOE conserve la alcaldía. Y nada extraño, en definitiva, considerando la trayectoria, verdaderamente alucinógena, de esa corregidora que se viene pasando por el arco paritario, desde hace un par de años, al Ayuntamiento en peso. Ahora, salir como ha salido Pizarro, el secretario de Chaves, para comparar con el lío de Gibraleón y exigir la expulsión de los mocionistas tal como el PSOE hizo con los tránsfugas de Gibraleón… ¡“al expulsarlos”!, francamente pasa de la raya. La gente de Chaves debe de creer que en Huelva el personal se chupa el dedo. Pero el personal recuerda muy bien aquella foto victoriosa que en Gibraleón se hicieron unos cuantos sociatas de primer nivel para festejar el transfugazo.