Llevar la contraria

Es claro como el día que el proyecto del alcalde Rodríguez se ha centrado en el onubensismo y ha hecho de los símbolos colombinos, durante decenios, un referente de primer orden en la vida de la ciudad. Pero ello no debería llevar, como lleva, al partido adversario, el PSOE, a adoptar posturas en contra de cuanto aquella postura significa, a no ser que, de manera deliberada, se decida pasar por encima de la identidad propia con tal de llevar la contraria al rival. Lo que está sucediendo con la oposición de la Junta a proteger el monumento a Colón o el encargo del expediente de la Rábida a alguien tan despegado de proyectos semejantes como Guadalupe Ruiz, lo dicen todo.

Sin levantar la voz

Nada de levantar la voz. Rubalcaba visitaba Huelva con la oreja aún caliente de la bronca asilvestrada del desfile madrileño y evidentemente poco dispuesto a que a él le aguaran la fiesta. Por más que haya una diferencia entre los bronquistas de Madrid, que no respetaron ni los símbolos más sagrados, y una voz libre (¿no habíamos quedado en eso?) que intentó protestar en un acto público manifestándose ¡a favor de la Guardia Civil y de la Policía Nacional! En Madrid, los bronquistas impidieron realizar un acto de Estado. En Huelva, simplemente, el ministro del ramo ha impedido que un ciudadano exprese su opinión en público.

Apuestas rancias

No va a poder la candidata a la alcaldía de la capital, Petronila Guerrero, aferrarse al leiv motiv de la antigüedad del alcalde, porque para antiguo, incluso para rancio, ese proyecto que lleva de mascarón de proa al ministro Rubalcaba, un emblema del PSOE más rancio en el que anduvo moviendo sin éxito, durante años, los hilos del GAL o los de la corrupción que acabaron liquidando a González. Si el PSOE no tiene hoy en Huelva más recambio ni más alternativa que volver quince o veinte años atrás en busca de imágenes propagandísticas, mala cosa para el PSOE, por listo que sea y buena imagen que luzca ese dinosaurio político.

Triste profecía

Lo dijimos aquí hace muchos meses: el lío de Astilleros es un montaje del PSOE y la Junta para acabar cerrando la factoría de Huelva en auxilio y salvación de la sevillana, a la que, en su día, Huelva salvó de la quema, precisamente, cediéndole parte de su carga de trabajo. Un “nini” como Mario Jiménez mitineando en lo alto de un cajón es lo de menos. Lo de Astilleros es responsabilidad, primero, de Chaves, después, de Griñán y siempre del partido en el poder que gobierna Huelva como un coto privado desde hace treinta años. Otra vez se queda Huelva con las manos vacías. No en vano estos señores tienen sus despachos en Sevilla o en Madrid.

La Rábida, como siempre

Quienes reprochan a la presidenta de la Dipu sus cuentos sobre La Rábida no son consecuentes. ¡Bastante tiene ya la Presidenta con mantenerse en pie en medio del lío de su partido, con su oficina electoral aparte y su creciente bronca con los nuevos barandas, como para ocuparse de ese deterioro del histórico monumento que buenos onubenses denuncian desde hace tiempo! La Rábida ha sido maltratada siempre por la autonomía a pesar de las varias intervenciones parciales llevadas a cabo en estos decenios, pero en definitiva es una vergüenza que el gran monumento de la provincia dependa del humor de alguien que no es poco probable que no esté ya ahí siquiera tras las próximas elecciones.

El culo al aire

Con perdón, pero la Junta ha dejado al Ayuntamiento de Ayamonte (y éste a ella, en consecuencia) con el culo al aire al anular de oficio el estudio de detalle que hacía posible el desarrollo de Isla Canela, por más que el consistorio haya reaccionado con indiferencia al varapalo, como si con él no fuera la cosa ni tuviera la menor importancia. Otra vez ha sido El Mundo el que levantó la liebre y el mismo día la Junta se vio forzada a actuar, pero ni por esas se arredran los intereses creados que, como en Ayamonte, acaban de responder que se pasan por el arco el veto administrativo. Luego se quejarán de los juegos de letras que la gente haga con el “caso Malaya”.