Marcha atrás

No se ha atrevido el PSOE andaluz a cumplir su compromiso público de colgar en Internet la declaración de patrimonio de todos aquellos militantes que aspiren a ser candidatos en las próximas municipales. Por algo será, qué duda cabe, aunque ciertamente no resulta fácil imaginarlo. ¿Tan mal están las cosas, tanto hay que tapar o, al menos, que temer, qué ha disuadido al partido de gobierno a encender la luz para que se vea que no hay trampa ni cartón en sus manejos? De la imagen mala de los políticos tienen la culpa sus propios dirigentes y, por lo que puede intuirse de una medida como ésta, algunos de ellos mismos. No se pida luego confianza a un pueblo que ve lo que ve pero al que se le impide ver el resto.

Fuertes y débiles

Se pregunta el responsable ecologista Juan Romero qué ocurriría si desde esta nuestra tierra enviáramos los residuos tóxicos  más indeseables al País Vasco, vana pregunta –aunque hay que reconocer que todos las hemos hecho por el estilo—pues la respuesta es elemental: no ocurriría nada porque esa posibilidad no existe ni en la teoría. Sin embargo, a Huelva envían desde el País Vasco peligrosos residuos que están convirtiendo su área, según  las mismas fuentes, en el “retrete de España”. Es patente que Huelva pesa poco, por no decir nada frente provincias cuya gravedad es manifiesta, del mismo modo que Andalucía nada pinta frente a las comunidades fuertes. Empieza a ser necesario que alguien piense, al menos, en tirar de la cadena.

De lo dicho, nada

Primero fue la idea de apartar a los cargos públicos acusados de delitos graves. Luego se redujo la cosa en el sentido de que el partido sólo tomaría medidas contra esos personajes en caso de que fueran formalmente imputados por los jueces. Y ahora, sencillamente, se dice que ni una cosa ni la otra, es decir, que mientras no haya sentencia firme –aunque las acusaciones lo sean nada menos que de prevaricación, malversación de fondos públicos, falsedad documental, delito contra la ordenación del territorio y desobediencia–, seguirán tan panchos con todos sus derechos, incluido el privilegio de concurrir a la selecciones como ciudadanos-modelo. Es el caso de Bollullos y vamos de mal en peor. Que la corrupción no hay quien la pare no es ya una hipótesis sino un  axioma.

Bollulleros en lucha

Dos años le ha costado a la familia bollullera que recurrió su derecho a que no le “adoctrinaran” (el término es de la propia sentencia que ahora dicta el TSJA) a sus hijos en la escuela. Pero lo han conseguido y en circunstancias que deberían provocar al menos una explicación y excusa de la Junta, ya que, además der “adoctrinador”, el texto que se aplicaba con permiso de la autoridad, dicen los jueces que carece de “la necesaria neutralidad ideológica” y hasta que va “contra los principios constitucionales”. Un palo para la postura oficial y un  argumento para los objetores que puede dar mucho de sí todavía.

Media jornada, ¿medio salario?

Es propósito anunciado de la presidente de la Diputación y candidata a la alcaldía de la capital, trabajar desde ahora sólo media jornada en la institución  provincial y dedicar la otra media jornada a la promoción de su candidatura, es decir, al partido. Bueno, ¿pero cobrará también la mitad de lo que venía cobrando, ya que sólo trabajará la mitad? Eso sería lo justo y me atrevo a decir que lo legal, porque en ninguna parte está legalizado que un cargo público cobre en un sitio y trabaje en otro, sobre todo si ese otro trabajo es en beneficio propio. Es verdad que la Dipu no se va a derrumbar por esa ausencia, pero hay gestos que provocan escándalo y deben ser evitados o prohibidos.

Dato aislado

Huelva ha perdido sólo en el mes de septiembre a 280 autónomos. Otras cientos de familias que van al agua sin figurar siquiera en las estadísticas de parados, huy, perdón, de “oferentes de empleo”, que es como el presidente Griñán llama con delicadeza quienes no tienen trabajo. Otro grupo de onubenses si presente ni futuro, añadido a la cifra ya insoportable que el Poder reconoce porque no tiene más remedio. Nunca estuvo peor la provincia, nunca la resignación fue tan grande, ni la paciencia de los perjudicados aguantó tanto. Cuando salgamos de este agujero tardaremos años en volver a estar al menos como estábamos.