Ha resultado un castillo de naipes la estrategia de Griñán de negar  a la jueza instructora las actas del Consejo de Gobierno alegando, contra toda razón, que eran secretas. Secretas son sus deliberaciones, secreta la documentación a él remitidas, pero no sus actas, como dictaba el sentido común y ha acabado reconociendo paladinamente la Audiencia en un auto que no es recurrible. Lo cual deja en la peor postura a los junteros que han trampeado con esas actas lo mismo que han trampeado con los documentos requeridos, en la demostración de resistencia a la Justicia más llamativa de todo el periodo autonómico. Claro que el caso investigado también es el más grave, tanto que en este momento amenaza a los responsables a los más altos niveles. La jueza llevaba razón. Lo inasumible era la defensa numantina de la Junta.

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