Erguido sobre sus profundas dudas y contradicciones, aquel español insigne que fue don Miguel de Unamuno advirtió alguna vez a este país tribal –él sostuvo que en España no había lucha de clases sino “guerras de tribus” que no era posible “defender el cristianismo a cristazos”. Le faltó decir quizá que ni el cristianismo ni sus contrarios, porque es tan absurdo como cierto que toda rebeldía radical ha optado en España por la irreligiosidad y, sobre todo, por el anticlericalismo. ¡Caspa vieja! La foto de Sánchez jurando  su encomienda de “copresidente” se efectuó ante una mesa que, como en su anterior jura, que lucía desierta de Biblia y Crucifijo, proeza simbólica del laicismo impostado junto con su renuncia al protocolario saludo posterior al Rey y Jefe del Estado. Está visto que cuando la Izquierda va de vacío por la vida recurre a quemar iglesias e, incluso a desenterrar novicias, como grotesco aval de su radicalidad.

Cuando todavía lleva en la alforja algo más que la ambición del Poder, esa Izquierda, en cambio, no suele perder los modales. Besteiro, en plena República, conservó ese Crucifijo ebúrneo del Congreso que Bono respetó, a su vez, en términos minimalistas, por considerar “que no hacía daño a nadie”, y Patxi López mandó retirar con la misma determinación con que abandonó inconclusa sus estudios universitarios. Tierno –que en su seminario doméstico y clandestino  nos confesaba ser solamente “prudentemente agnóstico”— lo mantuvo, sin embargo, en el Ayuntamiento de Madrid, pero en plena marea del 68 un energúmeno (creo recordar) que llamado Pozas lanzó por la ventana, en la Complutense, el de Filosofía y Letras, como lejano preludio, entre otras frecuentes profanaciones, de los actuales  asaltos con “streap tease” a capillas universitarias como el protagonizado por alguna novia olvidada del “copresidente” Iglesias. Han pasado sin despeinarse  de “El Pais” de Cebrián a “El Motín” de Nakens. No les faltan más que las soeces ilustraciones de “Demócrito” y los chismes sobre frailes motilones.

La indignidad tiene su “look” (ahí tienen la coleta del “copresidente” o las rastas de su portavoz), insisto que a falta de enjundia. Y si no, esperen a ver cómo el “biGobierno”, una vez colocada en la nómina  toda su ralea,  se despereza con algún que otro gesto “terrible” pero sin que la sangre, ya lo verán, llegue al río. Predicar, lo que quieran; dar trigo, ya será otra cosa. Allá por los 60 explicó André Gorz (uno de tantos padres desconocidos de esta caterva) que eran mucho más fáciles las “reformas no reformistas” (ustedes me entiende) que las “reformistas” de verdad. Tirar un Cristo no cuesta gran cosa. Reducir el paro o el déficit, ya será, con seguridad, harina de otro costal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.