El debate interno provocado por el pacto incondicional de IU con el PSOE para gobernar a dos manos Andalucía se está sustanciando en un cruce de cartas centradas, paradójicamente, en un personaje que no está en el negocio pero que, con su autoridad, moral pesa demasiado a la hora de afrontar sus duras y razonables críticas. Me dicen que hay más, pero yo sólo he visto la que Antonio Romero le dirige, con las del beri, a Julio Anguita, la réplica a ésta de Vilar Antolí-Candela y la que el propio Anguita acaba de publicar con el sugestivo título de “Las lentejas de Esaú”, evidenciadoras todas ellas de la profunda crisis que tensa a la Izquierda comunista ante ese pacto alrededor del cual se arracima la nomenklatura y seencrespa la militancia más fiel a los principios que a los sillones. Importa menos, a mi juicio, el pormenor –nada deslumbrador, por supuesto—de la pretendida descalificación de Anguita y más, por el contrario, las buenas y pausadas razones que él expone en ese alegato especular que lo que no hace  más que colocar un espejo frente a los “integrados” para que ellos mismos se reconozcan en su denigrante deformación. ¿Por qué no negociar con el PSOE –al que se viene acusando implacablemente de hacer políticas de derecha—la investidura a cambio de unas cuantas medidas higiénicas urgentes y retirarse luego a la Oposición? ¿Qué gana IU entregándose con armas y bagajes al mismo PSOE al que ha venido fustigando por corrupto y acusando de constituir una equívoca izquierda entregada al neoliberalismo? Escuchar a IU decir que no asume los drásticos “recortes” de un Gobierno en el que ostenta la vicepresidencia y dos carteras es, sencillamente, ridículo en la medida en que ese pacto de gobierno compromete a la coalición a las duras y a las maduras, aparte de hacerla cómplice de las corrupciones que denunciaba hasta antier. Anguita no picó ese anzuelo en circunstancias infinitamente menos delicadas y por eso, aunque se resista dialécticamente a proclamarlo, no soporta que su vieja coalición replique la escena de las míseras lentejas de Esaú.

IU se ha puesto en almoneda ella solita, ha dilapidado el arruinado nimbo que heredó de quienes todavía exigían a la praxis que se acomodara a la utopía, se ha vendido por un plato de lentejas, en efecto, y ahora va de funámbula por el hilo que le balancea su socio y enemigo íntimo, dirigiéndose hacia su inevitable catástrofe. Mientras tanto no le queda otra que hacer de prótesis de un PSOE en caída libre. Los Valderas han dilapidado las últimas esperanzas deslumbrados por unos entorchados sin jerarquía. Si atacan con saña a Anguita es porque hasta ellos son conscientes de su oportunismo inmoral.

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