El portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Córdoba ha sido bien explícito en una entrevista que ayer le concedía a este periódico. No porque afirmara que se enteró por la prensa de que tenía en el equipo a un asesor falangista (“auténtico”, eso sí) sino por el desahogo con que augura el final de la alcaldía de Rosa Aguilar a la que vaticina que dará “el salto” antes de que finalice la legislatura para la que fue elegida. Cinismo o lapsus freudiano, lo mismo da, para ese portavoz la política es una  carrera de obstáculo en la que el Ayuntamiento de Córdoba, por ejemplo, no sería más que un incómodo trampolín desde el que saltar hacia cargos situados más arriba. Vean como para conseguir averiguarlos a fondo lo mejor es dejarlos que hablen por su cuenta y riesgo, abrirles el micro y aguardar a que se cruce el gazapo sinvergonzón o la confidencia trapacera. Los electores deberían tomar nota, en todo caso, de este espíritu y de estas intenciones que reducen la noble política a una vulgar carrera de prtendientes sin mejor oficio.

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