Hay una novedad en esta legislatura autonómica: la de las dimisiones de altos cargos. Nunca habían dado marcha atrás tantos de ellos en tan corto tiempo, y eso sólo se explica por la elevación del actual listón de exigencia, pero también apunta, sin duda, a la imprevisión del criterio de selección empleado. Quizá una atenta ojeada al currículo del aspirante no basta para calibrar su capacidad política, aparte de que un elegido que siente su legitimidad en su mochila no resulta tan manejable en la vida política por parte de quien lo designa como el que aterriza en el cargo sin mayores méritos. La vida pública acabará ganando con el arriesgado método de recluta en esta coyuntura degradada a la que ha conducido, durante casi medio siglo, el absurdo apotegma juntero de que “to er mundo vale pa to”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.