Sospecho que el libro de Lamet sobre el cura Llanos va a dar más que hablar por la anécdota de la presunta conversión de Pasionaria que por la aventura apasionada del biografiado. Cuando la sociedad no estaba tan secularizada, privó la moda de la conversión del famoso. Se convirtió Graham Green, se convirtió Gary Cooper… pero las piezas más cotizadas en aquel certamen fueron, entre nosotros, los intelectuales manifiestamente desafectos. Una leyenda extendidísima contó como el padre Félix García, una lumbrera de entonces, consiguió acceder al lecho de muerte de Ortega y darle la extremaunción, según unos, o darle a besar un crucifijo, según otros, una versión que ha rechazado siempre el olimpo orteguiano y que recuerdo como indignaba a quien fue quizá su más devoto discípulo, Paulino Garagorri, cuando en la Facultad algún importuno le repetía la monserga. Sobra don Pío, mucho más combativo en este sentido (léase “Juventud, egolatría”) el rumor fue cortado en seco por la familia y definitivamente despejado en sus memorias por su sabio sobrino don Julio Caro. Y ahora le toca el turno a Pasionaria –y eso es ya caza mayor—por más que no dudo ni del testimonio del buen padre Llanos ni de la probidad absoluta de Lamet. La imagen de Dolores Ibárruri en el reclinatorio será, sin duda, motivo de dimes y diretes tanto para la tropa monaguilla como para los acólitos radicales, porque en la destrucción de un mito la verdad importa bastante menos que la propaganda. Van a abrir en canal la memoria de la vieja luchadora, ya lo verán, para hurgar entre sus vísceras, como los magos babilonios de la extispicina, en busca de las señas negras de su larga militancia. Aunque, por el otro bando, en cambio, no creo que cunda esa revelación que lo privaría de un enemigo arquetípico. Lo del hijo pródigo nunca acabó de convencer a los hermanos sumisos.

Y lo malo es que, de paso, a lo peor se desvía la atención del objeto central del libro, es decir, de la obra ingente, admirable y sin duda santa de aquel cura comunista que, contra viento y marea, eligió a los más pobres después de haber sido confesor de Franco quien, en cierto modo, lo hizo respetar siempre. Dicen que Pasionaria le pedía a Llanos encomendarla “al partir el pan” y en ello habría, con toda seguridad, un especialísimo trasfondo teológico. ¿Habían oído eso de que “Dios no abandona nunca a un buen marxista”? Pues quién sabe si estaremos ante otra prueba del misterio insondable de la intimidad.

5 Comentarios

  1. Desde luego habrá división de opiniones. Entiendo que el fundamentalismo se negará a recibir a Pasionaria en su rebaño.

  2. Hay montones que cuando ven que van a dar el Gran Salto empiezan a pensarlo mejor y cambian de parecer…..lo que no quiere decir que su conversión no sea sincera o que antes no lo eran..
    Un beso a todos.

  3. Es probable lo que comenta el Prof. Los fundamentalistas de cualquier especie son poco dados a aceptar cambios benéficos en el personaje encasillado como enemigo. Bien entendido que el padre Llanos no sólo era un cristiano ejemplar sino también un comunista convencido. Hizo por los hombres más que la inmensa mayoría de los políticos y eso seguramente lo intuyó Pasionaria.

  4. ¿Sabe Vd., doña Sicard, que los ateos se enfrentan a la muerte con más serenidad que los creyentes?

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