Un rasgo de estos tiempos nuestros es el uso arbitrario de los criterios de medida. Se acepta como normal en un Parlamento la diferencia presupuestaria que separa los 50 de los 65 millones (pasó el jueves en Andalucía), nunca sabremos si una huelg ha sido seguida por el 70 por ciento de la población o simplemente por el 6, una mani de 5.000 personas para la policía municipal puede anunciarse como de 100.000 según los organizadores, o viceversa. Ni lo grande ni lo pequeño conservan en nuestros días ese estatuto rígido que los distinguió siempre confiriéndoles entidad, paradójicamente, en muchos casos, a causa de la exquisitez del instrumental de medición. Fíjense en el caso del ciclista Contador, un sujeto de, pongamos sesenta kilos masa y cinco litro largos de sangre, al que en un lejano laboratorio le han detectado nada menos (ni más) que 50 “picogramos” de clembuterol –la sustancia con que se engordaba y, por lo visto, se sigue engordando al ganado–, una cifra diminuta que se expresa en un alucinógeno 0’00000000005 por mililitro de sangre, es decir, ¡por una trillonésima de gramo! o, como se dice en el argot científico, en 0’05 nanogramos, que viene a ser, como comprenderán, un chaparrón en el océano. Pero vamos a ver, ¿dónde está el límite cierto de la dopa, existe o no existe un criterio claro para considerar dopaje la presencia de una sustancia en la sangre o la orina de un sujeto, quién y cómo razona dónde puede considerarse que comienza el fraude y el riesgo para el analizado? Me asombra escuchar argumentos tan prosaicos como ése de que más que de un dopaje puede tratarse, en este caso, del “contagio” provocado por la ingesta inocente de un solomillo y, sobre todo, me sobrecoge la idea de que el mal no tenga marcado un límite rotundo, de tal manera que pueda castigarse por tramposo y sin apelación a ojo de buen cubero. ¿Qué cantidad de clembuterol o de lo que sea debe considerarse significativa, es decir, realmente influyente en el metabolismo y, en consecuencia, en la forma física del sujeto? Mientras no me aclaren eso seguiré creyendo que Contador es una víctima más entre tantos pringaos.

 

Hay en todo en ese negocio de la dopa una componente activa de puritanismo que resulta de lo más inocente en un mundo donde se debilita por días el rigor. No se tolera una trillonésima de gramo de clembuterol en la orina del un ciclista mientras se acepta sin pestañear que la cifra de abortos se encarame en los ciento de miles o nos deshacemos moralmente de millares de muertos bélicos disimulados en el eufemismo “daños colaterales”. La nanomoral, tristemente, convierte en sospechoso ya hasta un simple solomillo.

8 Comentarios

  1. Interesante tema que reclama el comentario del prof. Rull como experto. Sobre el fondo de la cuestión cabven pocas dudas sobre la intención de esos organismos escuidriñadores. ¿Por qué no se somete a analítica a los toreros o a los diputados, digo yo?

  2. Me pregunto sin respuesta sobre la entidad real de esas cantidades realmente inasibles y me hago la pregunta que le haría a los expertos: ¿cómo se administra esa trimillonésima a un cuerpo humano, y qué ocurre con esa “masa” micro una vez inocporada a la masa humana? Todo esto me huele a chamisquina gabacha y a enredos del negocio deportivo, incluyendo al periodismo así calificado.

  3. Después de lo de ayer, pase este silencio. Pewro cosnte que la columna dice cosas bien sensatas e interesantes, empezando por el aspecto científico de la cuesión que se insinúa. Parece obvio que la parroquia prefiere la poesía… Laus Deo!

  4. Los ganapamnes que viven alrededor del deporte y tienen que vivir. Unos inventando, otros difundiendo, otros falsificando… La cuestión que plantea Max me parece del todo pertinente.

  5. No he seguido el tema pero si es verdad que discutimos la victoria de Contador por esa razón me parece una tontería.
    Per sí me gustó más la columna de ayer. Besos a todos.

  6. Para don Akela: los hay malos perdedores y los hay beaux joueurs. Y en todo caso creo que mejores que los ingleses….
    Vaya, parece que ma ha picado su puya don Akela! Un beso , sin embargo.

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