A los estudiantes de mi generación se nos enseñaba al asomarnos a la Economía ese dilema que parecía resumir la opción básica de los sujetos sociales: se trataba de elegir entre “cañones o mantequilla”, es decir, de escoger un modelo de producción que atendiera preeminentemente al mantenimiento de la población o, por el contrario, primara la producción armamentística. Lo he recordado al enterarme de que Corea del Norte acaba de proponer a los EEUU reanudar las conversaciones sobre la desnuclearización de la península y, en consecuencia, readmitir a los inspectores que vigilaban sus actividades atómicas,  a cambio de un vasto programa de asistencia alimentaria, un gesto sin duda elocuente que lo dice todo sobre el fracaso del régimen radical y sobre la situación efectiva de la población en ese desgraciado país. Ya cuando la crisis de las “vacas locas”, el antecesor de este mandatario solicitó a Inglaterra que se enviaran a su país los animales sacrificados para ser consumidos por un pueblo hambriento al que las amenazas del temible síndrome le traían sin cuidado frente a un solomillo, una propuesta que, como es lógico, no fue atendida por considerarse irracional, pero que dejaba entrever más de la cuenta el deterioro interno de aquella sociedad. Y ahora, de nuevo, esos feroces e irreductibles radicales solicitan al despreciable mundo capitalista las migajas imprescindibles para su supervivencia, abriendo paso a una inesperada mejora de las relaciones que pudiera afectar a medio mundo. No está mal, más vale tarde que nunca y, sobre todo, bien está lo que bien acaba, suponiendo que esta historia, antier todavía impensable, acabe bien. Los coreanos dejarán de enriquecer uranio y amenazar con sus misiles a cambio de leche en polvo y carne enlatada. En Corea es alto el porcentaje de ciudadanos que reconocen haber visto a alguien morir de hambre sin salir de su familia. “Lo primero es el buen gobierno de la tripas”, decía Cervantes, que sabía, por experiencia propia, de qué iba la vaina.

Algún día es posible que sepamos lo que ha costado a sus pueblos el rentoy atómico de sus gerifaltes, lo mismo en Pionyang que en Teherán, pero sin olvidar a los demás implicados en ese atroz negocio, el más desmesurado e inútil despilfarro perpetrado por la especie humana. En Corea, de momento, ya sabemos que el cuerpo no aguanta más y que hasta el mendrugo rancio que le arroje el más denostado enemigo ha de ser aceptado besándole la mano después tantos años de sufrimiento oculto tras la propaganda. Nada más triste que contemplar cómo quiebra el “eje del mal” a la altura del estómago.

5 Comentarios

  1. Eterno dilema, colega, en el que aún nos encontramos. Sobre Corea, ya ves, la pena de ver un país esclavizados absurdamente, incluso inexplicablemente, por una «monarquía» de listos sin escrúpulos. No se entiende de todos modos aquella situación. Ojalá éste sea el comienzo de una nueva etapa.

  2. Esos coreanos llorones son un reliquia de la vieja religión comunista extrema, pero parece que la realidad acaba imponiéndose inlcuos a los «sueños forzados». Bienvenidos al redil, y que Dios los ayude.

  3. Corea N. no está sola, es un peón avanzando de la antigua URSS y la actual Rusia. Como Irán, el otro extremo del «eje del mal». Pero la gente como todos los días y esas situaciones no pueden prolongarse indefinidamente. Me alegro mucho de la noticia comentada, con mi compasión por los pobres «llorones» forzados.

  4. Mucha pena y tambien rabia es mi reacción al leer este artículo. Qué locos somos los hombres! Ver a su pueblo morirse de hambre sin inmutarse….Donde nos lleva el fanatismo orgulloso.
    Besos a todos

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