Lo del “número 4” de la “lista Parralo” se cuenta y no se cree: tras el escándalo del presunto enchufe de la hija de la candidata (el archivo de la acción penal en nada cuestiona el presunto mal uso del poder administrativo), le cae, al hombre, la condena por ‘mobbing’ a un trabajador minusválido y, tras ésta, el fallo en contra de lo Contencioso-Administrativo por el emperre autocrático de nombrar a dedo, como coordinador provincial de Formación, a un coleguita del partido. Con ese fardo  no iría a las elecciones ni loco un candidato en ningún país civilizado, y lo que es, por supuesto, más importante: nadie lo llevaría subido en la chepa electoral. En Huelva irá. Aquí todo es posible, desde que en Gibraleón le pongan cámaras en el culo a los trabajadores municipales hasta que quien pide el voto no pueda con el peso de tanta reprobación judicial. ¡Pues como para estar tranquilos en un Ayuntamiento donde ése señor fuera el número 4! Se comprende que es tarde para dar marcha atrás y sustituirlo pero la papeleta que tiene Parralo es de las que no entran en urna.

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