He visto la aceituna estos días en los campos que tiene mi hermano por tierras de Trigueros y Beas, predios tradicionales de oliva y pan llevar. Apunta espléndida, granada ya a medias, en el umbral de esa exultante plenitud de la planta en que los ácidos grados comienzan a cuajar en el fruto pero mostrando todavía su cara ingenua e inocente. Espléndido, con las pródigas aguas pasadas que mantienen bizcochada la tierra, y el sol de justicia que recién acaba de hacernos gracia, apenas entrado el otoño, prometedor para que en cosa de un mes ordeñen los olivos las vareadoras o lo eche a tierra, como en un estetor de sexshop, el vibrador que abraza los troncos retorcidos como un gañán ansioso. Cada año me asombro del campo, bendigo su pródiga causa, el rigor de su calendario no escrito, el tiempo virtualísimo ínsito en los ramones y en el muñón, que aguarda su hora exacta para manifestarse en el envero y enmorecer las olivas y la uva. Hace poco, cosa de meses, ese fruto era aún flor quebradiza, fragilísima, como engarzada por el divino orfebre en la pasamanería vegetal, asustada de la lluvia y del ventarrón que esconde el tempero, pero ahora es ya imagen fiel de sí misma, realidad rotunda destinada al glorioso sacrificio del molino. ¡El don de Atenea! Dice Apolodoro que la diosa “llegó al Ática y, poniendo al Rey por testigo, plantó un olivo”. Y así debió de ser, regalo de la dorófora, luego extendido por toda la tierra, como los vientos y las palabras, como las ilusiones de los hombres y el ruido de sus fracasos. He visto esas aceitunas  en agraz, promesa cierta, aguardando el refresco de las noches de otoño, quizá las lluvias postreras que aumentarán su gloria verdinegra. “Ojinegra la oliva en tu mirada…”, dejó inédito Miguel Hernández. Yo bendigo esos campos de esperanza, labrados con esmero, hijuela a hijuela, vareta a vareta, como se esmera un clan por mano del patriarca.

 

Lo que no entiendo es el mercado. Grandes cosechas y altos precios, malas o medianas, y vaya usted a saber. El aceite sagrado aguarda en el pretérito perfecto de la oliva, desgañitando sin voz su futuro simple, elemental, secreto, enigma químico ajeno por completo a las maquinaciones de los mercaderes, acaso comprensivo con las duquitas del labrador de más aire que lo ve venir con el alma en un puño, encogido el ánimo, inerme y hechizado como el pájaro ante la sierpe. Para octubre tendremos ordeño y molienda, pan candeal retostado en la hoguera de jara y arenques regados con el primer zumo. Y otro año habrá pasado, puntual, ineluctable, generoso como todos los de esta historia amable y temerosa en la que nadie se libra del rigor de la muela.

15 Comentarios

  1. Sin palabras me ha dejado. Lástima que nuestros escirtores no se levanten todas las mañanas con ese espíritu creador y pierdan el tiempo (no es el caso presente) en tantas boberías. Enhorabuena. Una preciosidad de columna.

  2. El registro lírico es una pena que gm lo prodigue más, porque es probable que haya pocas plumas en España capaces de igualar columnas como la de hoy. Me uno con entusiasmo a la anterior nota de Berenice y espero muchas más.

  3. A algunos no nos cogen de sorpresa estas lindas exhibiciones, sabedores de que el columnista de ocasión es en el fiondo un ensayista y un poeta. No debemos ser muchos los que conservemos sus poemas publicados, pero ¿se lo imaginan ustedes como un sonetista de bandera? Pues les aseguro que lo es. Que nos depare otros muchos como el artículo de hoy, oro en paño, sobre todo tal como está el patio de nuestra escritura.

  4. Y después de esto ¿quién se atreve a echar el divino zumo sobre la vulgar tostada frotada con ajo?

  5. Reencuenrto y ¡con la poesía! Gran premio, gracia reservada: este articulista no es evidentemente del montón. ¡Cuánto le envidié siemrpe esa prosa carpichosa que sale cuando se le antoja! Certifico que de joven era más frecuente que ahora. En esta “segunda juventud” m,e emociona más todavía esta poesía espontánea.

  6. Qué bonito es esto. ¡Deje de ilustrarnos y prodíguese un poco más dando rienda suelta a ese registro evidentemente reprimirido. Es una pena que nuestros amigos de siempre no se hayan asomado hoy por aquí.

  7. Me ha gustado mucho y además me ha obligado a buscar palabras en el diccionario (como tantas veces). Ni sabía que existía “agraz”.

    Por otra parte, y con el debido respeto a la maestría, diré que la alusión al sex-shop y al aparatito me ha descolocado.

    sdos

  8. Gran día, el mejor del año,… por ahora. ¿No podería enviarlo a algún premio? Trataré de hacerlo yo mismo, que creo que se puede hacer.

  9. Rico, poético, sensible, conocedor del campo. No sé por qué, señor don Rafam le sorpende agraz, que es mucho más corriente que envero. Yo he tenido que echar mano del diccionario muchas veces leyendo a este gran hablante del español y no se me caen los anillos.

  10. Y a mí que me recuerda a “Las cosas del campo” del gran y tan llorado don José Antonio Muñoz Rojas… Espero que la comparaciòn le agrade a este escritor tan sensible.

  11. Está bien este descanso de vez en cuando, en plan “turbo”, lirismo puro sin olvidar la realidad. Se descansa de politicas e incluso de sociologías –que son tan de agradecer– como las que nuestro amigo nos ofrece a diario tras currárselo duro. Enhorabuena. A él y a nosotros.

  12. Esa estampa es admirable. Contrasta con el clima de tensión que vivimos. Por su placidez, por su hondura, por su conocimeinto de las cosas del campo –¡en efecto, Antequerano, recuerdo de Mñz. Rojas!–, también por la bondad natiral que deja entrever. Hay que tener un espíritu sereno para escribir estas cosas. Y hay por fortuna quien todavía lo tiene.

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