Será larga la campaña que inauguró el sábado en Sevilla Sánchez en persona. De momento ya asoman las primeras promesas –el Metro sevillano, nada menos— junto a gestos tan pesimistas como el de ese consejero de  Economía que, tras echar una primera ojeada al patio, afirma que Andalucía ha retrocedido nada menos que cuarenta años, o la amenaza de Vox de volar el tinglado felizmente gobernante si no se ejecutan por la rápida sus exigencias pactadas. Dice la Ley que ningún partido podrá pedir públicamente el voto en tanto no se abra oficialmente la campaña, pero es obvio que, en esta memorable ocasión, esa pulcra norma se la pasarán por el arco, en la práctica, todos y cada uno de ellos. ¡Menuda Cuaresma nos espera antes y después del Carnaval!

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