Hace mucho que los sabios vienen estudiando la influencia de determinados productos sobre la morfología y la fisiología animal, pero parece que, en los últimos tiempos, ese interés se ha disparado ante la evidencia de que sustancias derivadas de la industria o la vida cotidiana están produciendo sobre algunos seres efectos tan espectaculares como el cambio de sexo. La pintura antiincrustante con que las navieras tratan de evitar la indeseable carga de moluscos y otras especie polizonas, por ejemplo, es considerada como un auténtico disruptor endocrino capaz de lograr el cambio orgánico de sexo de variadas especies, junto con otras sustancia como derivados de detergentes, cosméticos y hormonas sintéticas que, en realidad son contaminantes que actúan como verdaderas hormonas. La universidad del País Vasco, sin ir más lejos, ha descubierto que en ciertas zonas de su litoral es ya un fenómeno fácilmente constatable la presencia de peces bisexuales y mejillones hermafrotidas, y en zonas próximas a loe vertederos de aguas residuales de Guernica resulta que un tercio de los corcones machos son portadores de gametos femeninos y utilizan algunas proteínas específicas de las hembras, un fenómeno, en todo caso, prácticamente universal, por lo que sabemos, como lo demuestra el hallazgo  -lo mismo en Connecticut que en Arcachon– de hembras de caracoles carnívoros dotadas de pene. En Chile hay escritas experiencias más detalladas como ésa que revela el proceso de masculinización de hembras de moluscos acuáticos en las que se ha observado que primero desarrollan un tentáculo/pene, luego un vaso deferente, posteriormente el cierre de su orificio genital y, en fin, la pérdida de función de su ovario. La feminización afecta ya lo mismo peces que a tortugas, aves e incluso mamíferos, toda una revolución genética como para volver loco al pobre Noé.

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Hoy que se habla con la debida con naturalidad de los transexuales es evidente que el sexo, como concepto natural, ha perdido en enorme medida su trascendencia decisiva. La ley española no exige para pasar de un sexo a otro –algo que habría sigo considerado “prodigio” hasta antier como quien dice—más que la constatación forense de que el sujeto que aspira al cambio sufre “disforia” ante su estado presente, es decir, lo contrario de la “euforia” que inspira a otros la circunstancia contraria, y es harto sabido y no poco cuestionado que semejante disconformidad con la propia naturaleza justifique que los gastos de la fantástica transformación requerida vayan a cargo del maestro armero, es decir, de todos y cada uno de los contribuyentes. La linde o divisoria entre los sexos (que no entre los “géneros”, que eso es otra cosa) es cada día más leve, pero la Madre Naturaleza, siempre atenta y providente, se está encargando de quitarle hierro a la cuestión poniendo de relieve la, en definitiva, relatividad de una diferencia que la mera lixiviación del óxido de estaño es capaz de producir en un molusco o en un gasterópodo. Macho y hembra no son ya o cada vez son menos hechos cerrados e incontrovertibles, sino meras situaciones originales sujetas a cambios lo mismo que tantas otras condiciones del cuerpo. Quizá André Suarès sabía lo que se decía cuando

propuso que el sexo es el cerebro del instinto, aunque no se me oculta que con esas tres palabras –sexo, cerebro e instinto—las combinaciones que pudiéramos hacer no habrían de ser pocas. La “inteligencia laica” a la que Salvatore Quasimodo atribuía los colosales progreso de la Humanidad, ha de reconocer, por su parte, que la propia lógica de esta vida perra, con sus abusos y violaciones, ha sido capaz de alterar el plan creacional atribuyendo el sexo por la simple acción de una sustancia capaz de actuar como una hormona. A Noé le hubiera sobrado la mitad del Arca, al paso que vamos. Lo que no sé es en que peña vamos a encallar con el nuestro el día menos pensado.

7 Comentarios

  1. Tomando café con pescadores había oído que determinadas especies, en aguas poco dudosas, según sea su etapa de crecimiento pueden cambiar de sexo. Estamos hablando de vertebrados. Les crecen aletas con las que no habían nacido y desarrollan órganos genitales distintos a los primitivos.

    También oí en una ocasión que en las famosas granjas de ponedoras, había gallinas -no sé si lesbis- que desarrollaban órgano masculino y les crecían cresta y espolones.

    Mientras que lo segundo podrá se r solo leyenda -bucólica, que no urbana- lo primero está perfectamente documentado.

    Besos.

  2. Nuestro buen amigop se refiere hoy a la transgenia química, no tan frecuente como parecen creer los prescadoers amigos de nuestra irrepetible Episeria, pero reales en circunstancias cuyo nestudio requiere considerable esfuerzo. Lo interesante, a mi entender, en esta columna es la ironía sobre el sexo como concepto natural, sin embargo, algo que tiene hoy día tanto de actualidad como para que los Gobiernos s gasten el dinero que no tienen en aventuras relacionadas con esa cuestión. Es grave, de todos modos, lo que alude jagm porque hay muchoscasos documentados ya, aparte de los que él cita, y ello indica que no sabemos qué efectos podrían estra produciendo en el quimismo de nuestra propia especie tantísima basura industrial como nos rodea.

  3. Pues, hoy la columna la leo y no sé qué pensar. Ya veo que hay algo de guasa en ella, pero no consigo tomar bastante distancia como para divertirme de veras. Todo eso lo veo yo con muchísima suspicacia. A mí, al pan, pan y al vino , vino. Pués lo mismo con los sexos.
    Y también observo a mis contemporáneos con algo de pena porque la”gente bien” va y dice que qué más da si éste o aquél cambia de sexo pero yo sé los sufrimientos y los problemas que eso acarrea. Mejor soportar los inconvenientes de su sexo que todos los tienen.
    Besos a todos

  4. El sexo es lo natural, y dentro de la naturaleza nos podemos encontrar con multitud de combinaciones (que podría dar un patatús a más de un puritano) fruto de la selección sexual concepto que no es excluyente de la selección natural. En la naturaleza no hay prejuicios ni ideologías igualitarias que valgan, ni confusiones entre sexo y género; generalmente todo es fruto de un largo proceso adaptativo hasta conseguir un delicado equilibrio que puede verse roto por un cambio brusco (que no tiene por qué ser momentáneo, el concepto de tiempo también varía). Como apunta el Maestro, la acción antropocéntrica sobre ese medio natural y sobre el mismo ser humano como animal social que es, puede provocar (está provocando) un desaguisado de imprevisibles consecuencias. Será porque la Edad de Oro no era más que una triste Edad de Hojalata, o de polietileno.
    Saludos.

  5. 21:31
    Son muchos los peces que cambian de sexo con la edad, como cuentan los amigos de nuestra doña Epi, y estoy seguro de que algunos de ellos se han comido la mayoría de nosotros.
    Me refiero a la sabrosa caballa, que a su tamaño grande, macho, llaman tonino.
    ¿No han oído a los pescaderos que los toninos no tienen huevas.?

    Naturalmente, ja no se refiere a la transexualidad natural sino a la química, que es la preocupante, no sólo por los efectos en muchas especies sino por las posibles repercusiones en los seres humanos. Quiero recordar que, ya hace mucho tiempo, se notó la aparición de mamas en niños comedores de pollo.

  6. AL FINAL NO SABRA UNO QUE PEDIR CUANDO VAYA A LA PLAZA O SE SIENTE EN UN RESTAURANT A COMER,POR EJEMPLO ME DA PESCADA O PESCAO? UN SALUDO DON JOSE ANTONIO

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