Quizá el fracaso de la utopía se debe, en muy buena medida, a la índole individualista de los modelos y soluciones propuestos, a que la idea de que el mundo necesitaba un cambio urgente ha solido venir acompañada de una receta personal. Mi generación ha despilfarrado enormes cantidades de energía tratando de reproducir “realmente” la ideología entrevista por un  genio como Marx, preocupada por restaurar sus nervios se acuerdo con el catecismo freudiano o, ya mucho más tarde, fumándose divertida la pipa de kif que le ofrecía Marcase o tratado de digerir a duras penas el suculento codillo frankfurtiano. La experiencia ha demostrado de manera contundente, sin embargo, que –a salvo quizá el mítico supuesto del cristianismo histórico– no hay cambio social de cierto calado originado en la ocurrencia de un solo sujeto sino mutaciones impuestas por las tendencias masivas de la población. Existieron los “humanistas”, quién lo duda, pero ya desde un par de siglos antes de apuntar el Renacimiento, un inquieto espíritu nuevo sacudía las entrañas del mundo medieval reclamando cambios no sólo en la “superestructura”, como hubiéramos dicho allá por los 60, sino en la misma “base” socioeconómica que condicionaba si es que no determinaba la realidad que se pretendía modificar. El viernes nos explicó en nuestras “Charlas” de Punta Umbría Vicente Verdú, con su fenomenal capacidad de persuasión, que estamos inmersos en un oscuro cambio de sistema del que la vida sobre el planeta no tiene por qué salir perjudicada sin o todo lo contrario, pues él entrevé en la interacción galopante que permiten las nuevas tecnologías un cambio de sujeto histórico al que torpemente nos estamos resistiendo desde la inercia de la razón. Habremos de entender la potencialidad didáctica de la tele o el videojuego o hemos de aceptar la monarquía incontestada del consumidor aunque aún nos cueste mudar de postura. No cambia la vida porque lo dictamine la minerva que la prestigia sino porque lo imponga en la práctica la masa que la constituye. Vicente hace de liebre en esta carrera por la supervivencia y la verdad es que no es fácil contemplar en esta cancha escapadas como la suya.
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En USA parece que van por el mismo camino, a juzgar por el llamamiento,  no poco dramático, lanzado por Stephen Hawking y Al Gore, y al que han respondido sin pensárselo, enviando sus propuestas reformistas, miles de ciudadanos anónimos, que tal vez pudieran estar iniciando un nuevo camino histórico sin percatarse siquiera. Claro que esa iniciativa lo que demuestra, en primer término, es el fracaso del sistema de gestión política, o si se prefiere, la falla de una ilusión democrática que parece empeñada en demostrar día tras día su incapacidad para satisfacer las aspiraciones profundas de los ciudadanos. Porque no sé si esos próceres se habrán dado cuenta, pero de prosperar su ensayo de democracia virtual, y emplazarse convenientemente el nuevo sujeto histórico, hasta hora no poco abanto, tanto al actual proceso de formación de la voluntad colectiva como al hecho práctico del poder tal como lo padecemos, no los iba a reconocer ni la madre que los parió. Verdú habla hace tiempo del “personismo” como “primera revolución cultural” del siglo XXI. Ver abatirse súbitamente sobre la realidad social y política ese meteoro de imprevisibles consecuencias, cero yo que confirma, en buena medida, esa teoría que, en el fondo, es ni más ni menos que la propuesta frontal de un nuevo y revolucionario humanismo, ni clásico ni romántico, sino actual, pragmático, hijo, en definitiva, de la propia evolución. Nos ha contado este observador de excepción que en USA ya se ha probado alguna experiencia de “democracia continua”, es decir, de sistema electivo abierto y permanente en el que los ciudadanos con voto se transforman en personas con poder. No hay que hacerse ilusiones prematuras, desde luego, pero sería insensato dudar de que vivimos apenas en equilibrio entre dos eras.

3 Comentarios

  1. 19:49
    “”democracia continua”, es decir, de sistema electivo abierto y permanente en el que los ciudadanos con voto se transforman en personas con poder.”
    Me gustaría creerlo, Maestro, pero lo cierto es que al poder le sobran medios para cambiar las opiniones de los ciudadanos con voto.

    En cuanto a la posible ciberdemocracia, no dude de que ya están operativos los programas informáticos necesarios para manipular la ciberopinión.

  2. Desde lejos imagino la canícula (yo estoy a 18º estos días) y atribuyo a ellos el marsamo blogístico. Pero el tema de hoy –y más con Vicente Verdú de por medio– es de los de campeonato. Lástima de calor, de cansanio, de abulia colectiva. No somos de piedra, se comprende. No. no lo somos.

  3. He ido a escuchar a jagm y a v.verdú en Punta Umbría. Me gustaría poder trasmitriles el gusto de escuchar a gente libre hablar con libertad. ¡El jefe de opinión de El País junto a la eminencia gris de El Mundo! Pues eso lo vivimos el viernes en Punta Umbría. Suerte del veraneante.

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