Puede que a muchos españoles los desconcierte la noticia de que el Departamento de Estado americano que, ciertamente, tiene mucho por donde callar en materia de derechos humanos, haya denunciado la indefensión en que, en ese terreno, se encuentran los españoles de Cataluña o Baleares impedidos de utilizar libremente su lengua vernácula, pero tampoco sería raro que otros muchos se escandalizaran contemplando al Gobierno español erigirse en defensor de los beligerantes adversarios o, más bien, enemigos jurados de la lengua española. Son cosas que ocurren en la vida cuando la política las impone, como en este caso, aparte de lo cual justo es reconocer que en muchos países del planeta las lenguas tradicionales de los pueblos están siendo sustituidas por otras total o parcialmente, al margen de la inevitable conversión del inglés en una auténtica koiné o idioma transnacional que es lo propio de todo Imperio. Un caso singular, siquiera por lo llamativo de su calendario, es el vivido en Rwanda, país martirizado, como se sabe, por lo menos desde que, a mediado de los años 50, se produjera la primera de las atroces persecuciones de hutus perpetradas por los tutsis y que provocaron el exilio a Uganda de masas de la etnia perseguida, que volvería con el triunfo de su propia revolución trayendo consigo, entre otras cosas, la mudanza simbólica del idioma, del francés colonial por el inglés. Fueron los tutsis criados en la Uganda anglófona quienes impusieron en 2003 la cooficialidad de ambas lenguas y quienes han excluido el francés tradicional de una enseñanza que desde 2010 se imparte exclusivamente en inglés. La generación próxima de ruandeses hablará ya sólo inglés y habrá olvidado, de paso, la reliquia del viejo kinyarwanda. Una nueva lengua para un país nuevo. Hoy se puede cambiar de idioma como de camisa. Que nos lo cuenten a nosotros.

 

Sin duda el cambio de lengua comportará novedades en  otros ámbitos, hará que las costumbres, en Rwanda como en cualquier otro sitio, varíen a favor de la nueva oralidad y sus implícitos contenidos culturales. Así lo entendía un genio como Raymond Queneau cuando estimaba verosímil el cuento del emperador chino que cambió las costumbres de sus súbditos mudándoles su lengua y así lo entenderá cualquiera que haya reparado en los efectos sobre la cultura europea del impacto del inglés invasor sobre sus viejas sociedades. Aquí mismo hemos pasado ya de la gramática a la tradición y andamos en plena trifulca empeñados en borrar los garabatos más entrañables de la vida de la generación siguiente. Comparados con Rwanda, en todo caso, parece obvio que nuestros novadores llevan el paso cambiado.

7 Comentarios

  1. No esté tan segura, doña Sicard. El español se ha perdido en
    Filipinas, en Guinea Española y en Haití, y Vd. no ignora los serios ataques que está sufriendo en Cataluña, Galicia, Valencia y Baleares.

  2. Parece que don José Antonio está de asueto. Espero que lo disfrute y le siente bien. Un beso a todos.

  3. ¿Quién me da noticias de don José António y me dice cuándo puedo retornar al blog? Que echo mucho de menos este rinconcito….. Besos a todos.

  4. Pingback: Baldinger Law

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.