Funcionarios de la Junta  han recibido con un largo y emocionado aplauso al ex-interventor Manuel Gómez, el hombre que avisó con insistencia del saqueo de los ERE y a pesar de ello, o quizá por eso mismo, fue imputado en el caso y ha debido soportar el calvario de la instrucción y el bululú del juicio público. Él dice que se siente aliviado pero que, probablemente, guardará rencor de por vida a sus victimarios, y no es para menos. Pero quizá debería celebrar con orgullo una absolución que repara sobradamente, en términos morales, tanto como denigra a quienes lo utilizaron como buco expiatorio para salvar el pellejo. La Función Pública –sobran ejemplos—se está convirtiendo en una profesión de riesgo para los trabajadores independientes. Y en esa orla figurará siempre encumbrado este Interventor ejemplar cuyas alarmas, de haber sido escuchadas, podrían haber ahorrado muchos millones y tanta vergüenza.

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