Hace unos años recorrí durante toda una mañana un paisaje del Algarbe devastado por el fuego. Lo mismo pude hacer luego en los montes de Huelva y Sevilla, que ardieron durante días mientras Chaves veraneaba sin interrupción por tierras gallegas, muchas miles de hectáreas perdidas –muchas más de las que la Junta se empeñó en cifrar, como sabemos ahora por la propia Fiscalía—, arrasando lo mismo monte que dehesa, un año antes de que en Guadalajara se repitiera el infierno, en esta ocasión con tantos muertos que hasta hoy sigue la Justicia meneando el asunto de las responsabilidades. Estos días arde el campo en Cataluña, en Teruel o en Andalucía, pero el foco se lo lleva el siniestro que mantiene sobrecogida a Córcega con las llamas lamiendo las murallas de las ciudades. Demasiados incendios, y la mayoría provocados, pocos detenidos y menos condenados (sólo tres por cada cien, al parecer), a pesar de las víctimas. Manuel Alcántara, que cumple ahora medio siglo de columnismo, recuerda la dura imagen de Cernuda, la del español con la piedra en la mano, y dice que lo malo es que en la otra lleva la tea, pero, mientras los ecologistas se desgañitan, recuerdo a mi padre diciendo que los incendios del verano se apagan en invierno: hay dos clases de incendiarios, los del hachón en la mano y los que, una sobre otra contemplan desde sus despachos, sin mover un dedo, cómo crece el pasto bajo el encinar o como se colmatan los cortafuegos, de qué imprudente manera se maciza el valle o la serranía con esas colmenas apretadas que disputan insensatamente el terreno a la vegetación, o cómo el urbanita se le sube a las barbas a la Madre Naturaleza cada domingo y fiesta de guardar, armado con su repertorio incendiario. Nos dicen que la responsabilidad es siempre del que mete el fuego pero eso no es enteramente cierto. Hay mucho pirómano que nunca ha tocado una cerilla.

Preferimos esconder la cabeza bajo el ala, no echar números sobre las pérdidas ni calcular las hectáreas perdidas, en muchos casos para siempre. Como si el desafío de Caín fuera ineluctable, como si no se pudiera hacer mucho más previniendo que mandando helicópteros y bomberos casi suicidas a enfrentarse con las llamas. Hace poco se pedía la dimisión de la consejera andaluza del “medio” por haber dicho que el matorral quemado carecía de valor ecológico. ¡Cráneo privilegiado! Quizá por ahí radique el problema: por la improvisación de la política, por el indecente criterio de que “to er mundo vale pa to”, como tiene dicho una autoridad andaluza. Yo he visto apagar fuegos con ramas y a la Guardia Civil reclutando levas de paisanos en las plazas de los pueblos para apagar incendios. ¿Qué pasa hoy para que con tantos medios y tantos millones, cada día se lo pongamos más fácil a Caín? Esa pregunta no espera una respuesta. Si acaso esperaría unos cuantos ceses.

16 Comentarios

  1. Pues sí, yo mismo he apagado fuegos con ramas, el mejor medio para el fuego de rastrojos y de pasto seco, cuando era niño en compañía de algunos mayores y de otros críos.

    Como bien decía de sr. padre de ja los fuegos del verano se apagan durante el invierno, pero como los no incendios no generan votos los políticos responsables no se ocupan de ello, a lo que se suma la prohibición de recoger leña a los particulares para evitar tentaciones de cortar ramas verdes, con lo cual el suelo de los montes está cuajado de ramas secas que se acumulan año tras año.

    De todos modos, el gran problema son las soluciones con la antorcha, la gran facilidad de provocar incendios impunemente y la suavidad de las penas que impone nuestra birriosa justicia además de la cantidad de gente que gana dinero de cada incendio a corto y largo plazo.
    Mientras un incendio sea negocio no habrá manera de atajar el problema.

    Siempre nos quedaría el ingenioso sistema que un día propuso Bush: TALAR TODOS LOS BOSQUES.

  2. Los incendios provocados son, en realidad, a estas alturas, incendios consentidos. JA da el porcentaje de casos realmente sancionados entre los detenidos. Pero la Junta tiene una responsabilidad máxima porque no dedica dinero en sus presupuestos al monte y su cuidado. ¡Para qué, si de esas labores no se iban a enterar los votantes ni nadie se iba a considerar beneficiado hasta el punto de embargar su voto?

  3. Disculpe que me enzarce en el cuerpo a cuerpo, don Griyo: cualquiera que haya visto una ínfima parte de la naturaleza norteamericana, y no hablo de la conservada en parques naturales (por no mencionar la concienciación del americano medio con sus espacios publicos) se extrañará por semejante frase atribuida a Bush. No me la creo, o simplemente la descontextualización es evidente.

    ¿Son, acaso, mejores las cunetas de las carreteras andaluzas, en su inmensa mayoría un variopinto basurero que se extiende por tantos kilómetros como larga es la vía, acumulando toneladas de desperdicios en espera de mecha?

    Sdos

  4. Puede creer a don Griyo, amigo don Rafa, pues es totalkmente cierto y cabal que Bush dijo eso cuando el incendio de California hace unos años. En cuanto a los de aquí, es imprescindibel dejarse de monsergas y castigar al mismo tiempo a los pirómanos y a los responsables políicoos y administrativos de las condiciones del fuego.

  5. No veo muchos delitos más graves que esta barbarie y sin embargo entiendo que ésta se pena con castigos muy inferiores a los que ha de pagar vun camello insignificante al que cogen con cien gramos de hachis o seis papelinas de lo que sea. Casi todas las catástofrofes que padecemos tiene su trasfondo en la inepcia parlamentaria, en la sleyes inadecuadas, en el pasotismo burocratizado de nuestros representantes demorácticos tan bien pagados. A eso es a lo que hay que ponerle remedio antes de rasgarnos las vestiduras por los fuegos estivales o por las violaciones y barbaridades que hacen algunos de nuestros adolescentes y jóvenes.

  6. Ese “todo el mundo vale pa to” aplíquelo desde la consejera-o de turno que lo mismo valen para un roto que para un descosido, más Empresa Pública de trabajo oscuro y sueldos jugosos (EGMASA, eng masa me lo llevo calentito), más en el ámbito de guardería forestal (mis respetos) el chanchulleo-mafioseo típico que los nuevos caciques junteros mantienen en su bastión del mundo rural. Súmelo a esto al abuelo, hacha en mano, en compañía de su nieto y a punto de mutilar un pobre acebuche para alimentar el fuego de la paella que la familia dominguera espera con avidez sin importarle un pito como puede quedar el entorno natural privilegiado donde la están haciendo (y los de medio ambiente todavía sin aparecer). El milagro mi estimado Anfi es que un mísero pino carrasqueño quede en pié, pero no se apuren es cuestión de tiempo.

  7. Un problema de órdago, por supuesto, y de conciencia, de “buena conciencia” o “falsa conciencia”, como ja gusta matizar en estos casos siguiendo la vieja escuela, W. Reich y demás. ¿Endurecer la legislación? ¡Pero claro, hombres de Dios! ¿No ven que los locos y los caínes están devastando el monte a un ritmo que nadie podrá compensar? Comop nos nos andemos listos con Caín (y hay muchos caínes, comobien dice Caleuche), él acabará con nosotros. Ahora bien,m no perder de vista lo de las dos clases de pirómanos que la columna propone, los de la tea y los del BOJA. Sólo desde esa doble perspectiva se entenderá un problema que sobrepasa nuestra capacidad normal de entender las cosas.

  8. Oportuno este rapapolvo machadiano al “hombre que quema los pinares”, vieja estirpe hispana que debe de tener mucho que ver con la desertización de la penínmsula que acredita la famosa fábula de la ardilla. Una locura mantener desde hace años la baja guerdia, escudados en unos cuantos “planes” autonómicos que ya va siendo hora de considerar fracasados en su multiplicidad que tal vez provoca descoordinación. De hecho la intervención actual de la brigada ésa que ZP se ha inventado demuestra que el Gobierno contempla con inquietud (y cinismo) el follón autonómico del que, por cierto, se dice que vive mucha gente…, no sé si será cierto o no.

  9. Jefe, ¿no sabe alguno más refrescante? Se lo digo porque se anuncian calores de hasta 44 grados allí por donde usted se desvive. Con el mayor afecto, desde luego.

  10. El incendio ha sido siempre un acto especialmente penado, un agravante en los delitos en que mediaba el fuego. Ahora estamos dimitidos, por lo visto, y no sabemos qué ahcer con esa patulea delincuente que la Guardia Civil está harta de poner disposición judicial sin resultado práctico alguno. Aunque si no son capaces de reaccionar ante los violadores juveniles o ante los parricidas que asesinas a sus mujeres, tampoco es cosa de esperar que arreglen la seguridad del monte. Fraga arregló ese tema en Galicia, no se olvide, a pesar de que en Galicia era una tradición secular por razones bien conocidas. ¿Cómo lo hizo?

  11. Pues haciéndolo, porque eso no es de derechas ni de izquierdas: el señor Pujol no pudo arreglarlo en Cataluña.

  12. Poco que añadir a estas horas. SAlvo un cierto desacuerdo con la solución (?) Fraga. Llevo viniendo a Galicia un buen puñado de años y he visto fuegos con Fraga, con el bipartito (más) y este año aún no se han dado. Toco madera.

    Mi reconocimiento a JA por traer al viejo Alcántara y rendirle ese pequeño homenaje. Un tipo que con su perenne cigarrillo y su gin-tónic siempre a mano es un poeta como para inclinar la cabeza a su paso.

  13. A ver, aqui de de lo que estan convencidos el titular y los contertulios es que no hay nada mas alla del hombre,
    y a la naturaleza mirarla de reojillo. Pero hombres de Dios, es que no tienen termometro en casa?? POr que
    hubo menos incendios el anyo pasado, es que habia menos Caines?? Que ceguera !!

  14. Lo cortés no quita lo valiente Dª Lumbreras. ¿O es que lo que dice explica que un incendio se genere por tres focos diferentes cuando sopla viento a favor? Será que la Madre Naturaleza nos salió retorcidilla….

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.