Dicen desde el PP que el proyecto de ley de Vivienda –una casa para cada familia por debajo de los 3.000 euros de renta– que se ha sacado de la manga la Junta postvacacional es un farol y un cuento chino. Pero no se fija –quizá porque tampoco es lo suyo– en las “condiciones” que la Junta del PSOE impone a los futuros beneficiados cuando dice que esa hipotética vivienda que ofrecerá al ciudadano será “digna, de calida y adecuada a su situación familiar, económica y social”, a ver qué se iban a creer. La verdad por delante: debe de haber tantas clases de viviendas como clases efectivas y tantos modelos de hábitats como niveles económicos. Del “a cada uno según sus necesidades” se pasó al “a cada uno según sus méritos” para desembocar finalmente en el “a cada uno según su posición”. Cada oveja con su pareja. La Junta del PSOE no engaña más que a quien se deja engañar.

1 Comentario

  1. Me conmueve un poco la bendita ingenuidad de este hombre que da por sentado -supongo- la identificación del verso del oriolano, por mucho que luego lo cantara Serrat.

    Al grano. La pistola o barra común de pan no va a subir más de 8 ó 10 cts. La cebolla, depende, que diría un gallego. Hay varias razas y la más común subiría menos de esos céntimos anteriores del pan. El litro de leche no llegará al precio de una caña en cualquier bar de barrio y entren, entren a mediodía. Abarrotao, que dirían el Pulga, q.e.g.e. y el Linterna que está en la gloria de su enchufe en las tvs.

    El aceite de oliva ha bajado y el de girasol ha subido. La dorada de granja o la mítica lubina están que lo tiran; el pollo depende de dónde se compre casi duplica su valor, perdón, precio; la sardina que ya ha entrado en meses con ‘r’, pero que aún llega muy buena sigue con un precio casi risible aunque sea fuente riquísima de los impagables omega3 y omega6; la cinta de lomo de cochino -blanco y mártir, eso sí- está al alcance de casi todas las economías, exceptuando viudas con ínfima paga; las legumbres, ese otro tesoro despreciado, poca fluctuación ofrecen las mires donde las mires, exceptuando los súper que te dan bolsas con triángulos isósceles, horizontales en blanco, negro y otro color que me callo.

    Otrosí digo: la carpeta, el estuche, los blocs, la mochila, los polos, las sudaderas… y todo eso que conoce tan bien la madre con uno o más (?) hijos, valen casi el doble si llevan dibujitos del almeriense congelado u otra marca de relumbrón, que las que simplemente llevan un conejito corriendo en un campo con flores o un coche de carreras no identificado.

    ¿Sigo? Lo que sube no es el pan, la leche, el pollo o el material escolar sino la estupidez ambiental. Claro, al nene o a la nena le van a decir pringao -buylling, o como se escriba- en el cole, que lleva deportivas de mercadillo, que su chándal es una mierda o le rajan el anorak durante el recreo porque lleva el logo de marca pero se ve a leguas que es falso.

    Y los bancos te siguen racaneando con tu escasillo parné día a día con pretextos mil, los impuestos indirectos son iguales para el mileurista que para el especulador millonario, y sobre todo, la nueva izquierda, la izquierda radical, la izquierda de siempre, el centro casi inexistente y vago, la derecha liberal, la derecha cultita, la derecha reaccionaria y la extrema derecha, todos juntos y revueltos -multitud en ayuntamientos, diputaciones, CC. AA.’s y madriles bajo dos o tres siglas a nivel general y cuatro o cinco con el rollo del nacionalismo, se encogen de hombros ante la microeconomía, porque ellos con el sueldazo que les pagamos entre todos llegan a fin de mes sin problemas. ¿Hay que joderse o no hay que joderse?

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