¿Querían más pruebas de que la sociedad atraviesa una crisis aguda, hambre incluida? Pues ahí tienen la oleada de robos en los campos onubenses, que se han multiplicado en los últimos tiempos, según las organizaciones agrarias, que reconocen que no se trata de un problema nuevo pero sí de un agravamiento del problema hasta límites insoportables. Era lo que le faltaba a un mundo rural que vive la peor crisis de que haya memoria y sin perspectivas a la vista. Pero es, además, un síntoma de la ferocidad de una coyuntura en la que grupos marginales son empujados por el hambre a la delincuencia. No se trata sólo de un problema de seguridad, por supuesto, sino de una cuestión social de cuya realidad el Poder no quiere darse por enterado.

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