La retirada de cartel de la ópera de Mozart sobre “Idomeneo”, el que desafió a los dioses, continúa suscitando una viva controversia aunque parece imponerse, al menos en el “viejo Occidente”, una cierta unanimidad sobre la improcedencia de la medida. Nadie discute que el miedo es libre y, en consecuencia, habrá quien entienda la actitud de una responsable de programación que se asusta ante la eventual y previsible respuesta del integrismo a una crítica radical que constituye, por otra parte, qué duda cabe, un cuestionable desafío en la medida en que todos sabemos que la exhibición estética, el teatro como espectáculo, no se agota en el espectáculo sino que conlleva normalmente un proyecto de influenciación. En Grecia lo que se hizo en los escenarios fue repensar en términos demóticos el viejo mitologema y, en consecuencia inevitable, los más firmes y convencionales fundamentos del orden social. ¿Y que es el teatro isabelino o el español del Siglo de Oro sino elaborados montajes ideológicos de apoyo o crítica al sistema social y a sus instituciones? La represión de que el teatro fue objeto en España duró siglos, sin duda porque, como señalara en su día el maestro Maravall, no debe verse en sus representaciones banales entretenimientos sino un estudiado instrumento ideológico de apoyo a la monarquía señorial-feudal y, de paso, a la moral tradicional mantenida por la Iglesia. Pero la transgresión es muy anterior a estas inquisiciones, incluyendo el caso griego, como prueba la tradición de esa dramaturgia rebelde que, a lo largo de la Edad Media, hace de contrapunto al teatro integrado, tantas veces sacro. Los cómicos son gente peligrosa: eso no lo duda ningún corregidor durante siglos. El poder efectivo comprendió en todo momento que la farsa –trágica o cómica—no es, en definitiva, más que propaganda a favor o en contra de alguien o de algo. La burguesía alegre y confiada que aplaudía a rabiar los estrenos de Benavente –el creador de un público ‘moderno’ en España—no supo, como tal vez no lo supiera el propio autor, que sus emociones, gratas o desapacibles, iban destinadas, en última pero fundamental instancia, a consolidar, a apuntalar, subliminalmente o a las claras, eso que los funcionalistas llaman el “Social Sistem”. Benavente o Dicenta, da igual: el teatro es un asador que arrima sin remedio el ascua a su sardina.

                                                               xxxxx
 Es en ese sentido como cobra valor el progreso de la libertad del espectáculo en el amplio ámbito en que, desde el Renacimiento, se va cociendo la Ilustración, y es desde la perspectiva de esa “modernidad” ya tan acrisolada desde donde se decide la irrenunciable autonomía del arte como condición de cualquier sociedad libre. Lo mismo en el teatro que la literatura –¿quién frenaría desde Sade a Pierre Louys, desde Restif a Henri Miller?–, pos supuesto, e incluso en las artes plásticas. Antes y por encima del debate sobre la oportunidad de la grotesca exhibición de la obra prohibida está la convención irrenunciable de una libertad de expresión que nadie puede prohibir desde fuera de nuestro propio sistema, en especial teniendo en cuenta que en el suyo las libertades y hasta los derechos han de adaptarse al corsé de un dogmatismo absolutamente ajeno a la razón. Llevan razón quienes se rasgan las vestiduras en nombre de Occidente ante la defección de la Ópera berlinesa en la que ven una peligrosa derrota de la cultura occidental y un absurdo éxito de la intolerancia fundamentalista. Justo porque no se trata de una anécdota sino de un pulso decisivo tras el cual queda en evidencia el control y la censura de hecho que una religión extremista han logrado con su propaganda de terror. A ver, que salgan para iluminarnos los defensores del “diálogo de civilizaciones” y nos digan por qué hemos de resignarnos a la nueva inquisición, o cómo podríamos hacerlo sin dejar de ser quienes somos.

8 Comentarios

  1. Delicado tema, verá la que le va a caer encima, amigo ja. ¿Es que no aprenderá usted nunca a ir por la acera sin estorbar a los correctos, sin contradecir a los papagayos? Ojalá no aprenda, quedan pocos.

  2. Vayánse todos a la mierda.
    Un español musulmán.
    psdata, a qué van a ir hoy a la mani de la derechona? Jua, jua, jua, doña Epi la primera, vieja cachonda, y don Grillo detrás, gran lameculos. Abur.

  3. Gracias por no bajar la guerdia. Hasta los más pacíficos empezamos a ocmprender que rendirse es lo último, aunque sea lo primero que se le ocurre a muchos responsable spolíticos. Ahí tienen a ese M.. ¿Se puede imaginar siquiera un diálogo con un tipo así?

  4. Sí, yo voy a ir a la manifestación de la AVT, no de la derechona como dice el morito babucha. Lo que nos quedaba era que venga esta basura, esclava en sus países, a decirnos lo que podemos hacer o no hacer libremente en nuestro país.

  5. ?No cortan ellos cabezas reales, no de cartón piedra, ante la cámara, no los bendice luego su imçan de turno? ¿Y vamos a censurar nuestro teatro porque le moleste a gente que ha caído en lo más bajo de la cultura, que apenas se sostiene ya en el Neolítico de que tanto habla el titular de esta blog? Anda que le vayan dano a M., a sus inspiradores y a sus cómplices locales.

  6. Llevo prisa, a la manifestación. Luego volveré si puedo. Al moro, ni caso. Al peligro islamista, todo el caso del mundo.

  7. Se puede ser proárabe como muchos de nosotros, sin ser fanático. Nada tiene que ver la postura tradicional de apoyo de la izquierda a la causa árabe después del 11-S y del 11-M y de todo lo demás. Se han aislado ellos solos. No les tendamos puentes porque pueden venir. Ni a ellos no a los otros terroristas/fanáticos, los de casa. Son los mismos. Todos los fuegos el fuego, decía Cortázar. Todo el terror el terror.

  8. ¿Y para mí que el moromierda es de ojaneta de la Caleta? Estoy lejos, pero hasta dentro de mi casa llega el clamor: “¡¡No en mi nombre!!” Ni nos debemos bajar el calzón ante los circuncisos fanáticos ni ante los pistoleros de boina cuadrada.

    Un punto más en lo de ayer: hoy el MP en EM nos recuerda a Clara Campoamor. Epirretro corrobora que tal dia como hoy, 1 octubre del 31, pronunció el discurso histórico en las Cortes. Los progres de entonces, por boca de doña Victoria Kent -anda y que te ondulen con la permanent- también se lucieron.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.