Hace veinte años, un oscuro personaje, El Boca por mal nombre, fue detenido en Huelva como presunto autor de  la violación y muerte de una niña. La Justicia lo juzgó, desechó la presunción y acabó condenándolo a 44 años de cárcel, 28 por el asesinato y 16 por la violación, de los que ha cumplido sólo 20 porque así es y así funciona nuestro Ordenamiento. No se le ha aplicado la “doctrina Parot”, como habían solicitado esos padres inconsolables, denegada por la Audiencia de Huelva acorde con la jurisprudencia del Tribunal Supremo y el criterio del TC –lo que ha provocado una violenta protesta — sino que se la ha puesto en libertad, desterrado de la capital. También lo localizó por su cuenta –el morbo es el morbo —algún programa de TV, el de Ana Rosa—donde, claro está, El Boca se proclamó inocente como una paloma –“Había que buscar un cabeza de turco y ese fui hoy”, explicó a la audiencia–, asegurando que la víctima era él, al menos tanto como aquella niñita cuyo cuerpo fue localizado en la marisma separado de la cabeza. Tremendo escucharle decir cínicamente “He ganado la batalla a la ley” y remachar la consabida protesta de normalidad y buenos propósitos, pero en la TV manda el morbo incluso cuando el morboso es repugnante y antisocial. Y bien, ya en Madrid –“Madrid es muy guay”, según ese canalla—el Boca ha sido detenido de nuevo acusado, esta vez de haber violado presuntamente a una mujer bajo la amenaza de un cuchillo de cocina. ¡Cabeza de turco! Odia el delito y compadece al delincuente, decía la Arenal con elegante candidez. Bueno, pues vale. Ahora podremos compadecernos doblemente de El Boca.
 
Sí, ya sé que los jueces no pueden prever la reincidencia, ni siquiera cuando las estadísticas, como en el caso de los violadores, son aplastantes. Y tengo amigos que son grandes penalistas y por los que pondría mano en candela que sostienen que la legislación penal española es la más dura de Europa. Así será, no digo yo que no. Me limitaré a recordar aquella mañana de angustia en que apareció en la marisma esa criatura violada y decapitada. No es bueno legislar, ni siquiera opinar, “en caliente”, dicen los que saben. Así debe de ser, pues, pero es evidente que urge proveer legalmente de manera que la sanción conserve su función disuasoria y preventiva. Una malva, El Boca frente a Ana Rosa. Lo que no sabemos es si escondía ante las cámaras el cuchillo de cocina.

4 Comentarios

  1. No sé si es nuestra ley penal la más dura de Europa. Posiblemente. Pero el cóctel sexo/violencia nos viene preferentemente, películas -sin pezones por mojigatería- juegos, mensajes publicitarios por vía USA.

    Y en muchos estados de allí la ley penal es bien dura. Demasiado. No solo deberíamos copiar lo malo.

  2. Antes que nada, ¡albricias! por el reencuentro con doña Epì. ¡Cuánto toempo sin ilustrarnos y deleitarnos con sus ideas y con su fina péndola! Querido josian, en lo de la columna –que tú concces bien– ni tienes réplica posible. Recuero la primera vez que me hablaste de esa bestia. Que se pudra en la cárcel. ¿O tampoco ahora?

  3. “No se puede legislar en caliente…” Pues entonces NO SE PUEDE LEGISLAR NUNCA porque nunca dejan de ocurrir sucesos horribles.

    Bienvenida doña Epi.

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