No sabe uno, a estas alturas, si el escandaloso hotel de El Algarrobico puede ser derribado ya, como ha anunciado el ministro Arias Cañete, o está pendiente aún de alguna formalidad judicial. ¡Después de tantos años, cómo va a estar uno seguro! Lo cierto es que el quid de la cuestión non estaría tanto en esa imprescindible demolición sino en saber la razón por la que la Junta de Andalucía –auténtico responsable último del desaguisado—ha maniobrado durante tanto tiempo, gastando dinero público, en defensa de un atentado medioambiental. Al final, como puede verse, topamos siempre a los intereses creados pero casi nunca logramos descifrarlos.

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