Con tal de ganarle por la mano al Tribunal Constitucional y pasar por encima de sus sentencias, la Junta de doña Susana no ha dudado en meter en su plantilla al mismísimo Buda, cuyas meditaciones transcendentales permitirán a sus funcionarios, de ahora en adelante, escaquearse al menos treinta horas en su horario laboral. Quizá nunca en la autonomía se había ido tan lejos en materia de deslealtad institucional y, desde luego, no puede decirse que esa autonomía salga reforzada tras esta cómica burla al Alto Tribunal encargado de garantizar la integridad de nuestro régimen democrático. ¡Mala hazaña en estos momentos cruciales de nuestra convivencia política! Y flaco servicio el que, con este nuevo disparate, le va a hacer la leal Andalucía a esta España amenazada.

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