En plena canícula, la Junta prodiga sus desencuentros con el Gobierno de la nación, esta vez confusamente correspondida por éste. No vayan a creer que en competencia por la solución de los graves problemas pendientes –el ralentí sanitario, la cuestión de Doñana, la ruina educativa y demás– sino por motivos improvisados por la mísera lógica de la confrontación, como el de una jornada de los funcionarios qué no se sabe ya por quién ni por qué se pretende modificar. El caso es mantener en ascuas la carroza de plomo derretido para que la fiesta no decaiga, que ya vendrá el otoño y se hallarán nuevas causas de discrepancia. Hasta el capo del PP regional le pide a “su” Gobierno que no apriete más las tuercas a una autonomía que es ante todo el ariete de su partido.

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