No se les puede pedir a los políticos de partido que tiren piedras contra su propio tejado, pero por la misma razón sería discreto por parte de ellos reducir el empleo del farol a los casos imprescindibles. Que el presidente Griñán diga que va a llevar al “Gobierno amigo”    , es decir al mismísimo ZP, ante los tribunales, si no se alcanza un acuerdo –¿y el que ya existe, qué pasó con él?—sobre el pago real de la llamada “deuda histórica” que Madrid ha zanjado encasquetándonos a precio de mercado una serie de solares de propiedad estatal, constituye una tomadura de pelo, al menos para los despistados que todavía puedan creer en la autonomía real de la Junta frente a su partido. No está bien jugar con la opinión pública. Eso puede que le pegue a muchos, pero no tanto al Griñán en quien tantas esperanzas se depositaron.

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