Se ignora, de momento, si se trata de una entrada en razón o de un brazo torcido, pero la noticia de que la juez sustituta de las corrupciones del “régimen” ha accedido al fin a que se averigüe el coladero de la Faffe –gran reserva clientelar de un partido en el poder cuya ejecutoria (la de la “reserva”) incluye desde el despropósito hasta la presunta infamia— ha acabado por desconcertar a tirios y troyanos. Por supuesto que se debe respetar a esa magistrada que, desde luego, hace cosas tan raras como esa última decisión que contradice su propio criterio de hace nada y menos, como si estuviera empeñada en darle la razón a una Fiscalía que no se tienta la ropa antes de cantarle reiteradamente las cuarenta. Entre todos han logrado ensombrecer la imagen de una Justicia a la que la corrupción generalizada parece haber superado sin remedio. Volver a iluminarla va resultar de lo más difícil.

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