Parece que Gadafi está utilizando en Libia bombas de racimo, las famosas “bombas mariposa” que fueron proscritas en el acuerdo de Oslo del 2008 pero que se conservan en los arsenales de casi todos los países desarrollados y son empleadas sin remilgos por casi todos ellos cuando el caso llega. Por Rusia en Chechenia, por supuesto, pero también por Gran Bretaña en Irak, por los Estados Unidos en sus varias campañas, por Israel en Líbano. Hay pocas armas tan pérfidas como ese artilugio capaz de dejar enterradas, tras su explosión, miles de bombas de atractivo diseño (pelotas de tenis o latas de refrescos) con que atraer a los civiles y, en especial, a los niños, entre los que han causado ya miles de víctimas. Las que dice el NYT que está utilizando Gadafi serían, por lo demás, de fabricación española a pesar de que no hace tanto que aquí se liquidó a bombo y platillo el arsenal acumulado –unas 6.000 bombas, al parecer–, hecho que una vez más nos fuerza a admitir que la fabricación y el comercio de armas no deben ser considerados como actividades legítimas de un país democrático sino como su participación en un negocio criminal. Cuando se anunció la loable medida española ya se sabía que la práctica totalidad de las “bombas de racimo” acumuladas en África del norte procedían de nuestras fábricas, gran baldón que añadir a los que ya cosechamos como productores de “minas antipersona” y otros pavorosos ingenios que vienen constituyendo un renglón destacado de nuestras exportaciones durante el periodo democrático. Pero, en fin, volvamos a los hechos: ayer mismo, hoy tal vez, “nuestras” bombas de racimo estén cayendo sobre las ciudades libias bombardeadas por el tirano al que nosotros se las vendimos. Casi en todos los conflictos registrados en los dos últimos decenios se han empleado armas españolas. Esas armas son, por lo visto, una de las pocas cosas capaz de poner de acuerdo nuestros ideólogos.

Pasma comprobar el cinismo del poder –de cualquier poder, de todos los poderes—a la hora del negocio, incluido el negocio de la tragedia y de la muerte, desuela la indiferencia con que se sepultan los escrúpulos cuando brilla el dinero. Y no vale el alegato inocente porque cualquiera puede imaginar que poner en manos de Gadafi o de sus colegas instrumentos de esa naturaleza es exponerse a su más que probable utilización. Un día de éstos, un niño libio descubrirá entre la escombrera un atractivo juguete que resultará mortal o catastrófico y la culpa no será exclusiva de Gadafi. Hay que tener el corazón de piedra para no admitir la que nos corresponde a nosotros como infames fabricantes y negociantes de ese malvado artificio.

5 Comentarios

  1. Por más que se insista en ello, todos los Gobiernos con capacidad industrial fabricarán y comerciarán con armas, sin dejar a un lado a las más sofisticadas y crueles. España es un gran exportador de armas, que han sido localizadas ya en conflictos diversos. Es una triste vergüenza pero es muy simple.

  2. Qué decir en un Domingo de Ramos sobre este tema… Temo que los más pesimistas criterios lleven razón. Sobre la participación española en ese comercio de muerte, mejor me callo, aunque bien sé que es un tema de todos no sólo de nuestros Gobiernos. La piedad no existe en política. El interés es todopoderoso.

  3. MNe parece que habría que distinguir entre el hecho de que casi rodos los países fabriquen armas convencionales y dl de que los haya, como el nuestro, que fabrique esos ingenios diabólicos. Me parece que aquí mismo he leído otras veces que ya es llamativo que el Gobierno venda minas univpersonales y la Reina encabece iniciativas poara eliminarlas. Después de cobradas, habría que decir.

  4. Los que fabrican y venden armas son los responsables de las matanzas que con ellas se perpetran. Y es intolerable que a un pringao que cojan con armas alijadas le lamen traficante mientras que los Gobierno que hacen lo prpio y suelen sus porveedores, se consideran simples “productores”. Hasta he oído muchas veces invocar el beneficio industrial y laboral de esa industria de muerte. En Marbella han vivido y supongo que viven a lo grande puñados de esos criminales que no lo son menos que los Gobiernos.

  5. Los que fabrican, venden estas armas son responsables, vale, pero los que las compran y las usan más. Hay armas de por el mundo que , esperemos, nadie va a emplear, pero alguien las posee y mientras no las use no pasa nada. Lo canalla es tambien emplearlas contra su mismo pueblo, sabiendo que aun después del conflicto se cobrarán vidas.
    Besos tardíos a todos

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