Lo que acabe pasando en Bollullos va a ser la prueba del 9 de Diego Valderas, un coordinador general que no puede controlar su propio pueblo, lo cual no deja de ser significativo. Meses lleva Valderas tratando de neutralizar a los críticos locales que proponen plantarse frente al PSOE pactando ton el PP –algo similar al pacto que permitió a Valderas presidir el Parlamento—y amenazando con sanciones disciplinarias que, finalmente, no servirían de mucho, en especial si el nuevo gobierno municipal funciona como la gente. Claro que lo que Valdera se juega es, en términos simbólicos, casi más trascendente que lo que pueda significar un Ayuntamiento cualquiera, porque va entrillado entre la exigencia de libertad interna del partido y su interés personal. Bollullos, prueba del 9. Valderas lo tiene más bien crudo en su pueblo.

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