Ayer se jubiló don Teodoro Montes, el “testigo protegido” (¿) que osó denunciar las presuntas mangancias y trajines perpetradas por los “agentes sociales” a la hora de gestionar la millonarias subvenciones que recibían por los cursos de formación. Habrá descansado, la criatura, del maltrato (¡reconocido incluso en sentencia por el TSJA!) que, duante años, le propinó la Junta cómplice, aunque ahora espera del nuevo Gobierno la satisfacción o resarcimiento que merecen su honradez y valentía. Si hubiera habido muchos funcionarios tan firmes e independientes como esta digna vícitima, otro gallo cantaría en este corral sin bardas que ha terminado siendo la autonomía andaluza. Honor y reconocimoento a este héroe silenciado, pero lo justo seria, además, una compensación por el irreparable daño causado a su derecho, que es el de todos.

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