Acaba de conocerse en los EEUU un amplio informe oficial redactado en 2006 por la Oficina de Investigaciones Oficiales, hoy integrada en el ministerio de Justicia, en el que se descubre otro de los grandes secretos de Polichinela mejor guardados por las sucesivas Administraciones: la acogida que en el gran país de las libertades tuvieron importantes agentes nazis tras la victoria aliada en la Guerra Mundial. Siempre son interesantes estos actos de fe democrática, pero más si cabe cuando se trata de materias que incluso hoy día incomodan al Sistema hasta el punto que revela esa contumaz ocultación de la verdad en cuyo envés se percibe la presunta sensibilidad de una activa conciencia popular, aún hoy día disconforme, por ejemplo, con la acogida dispensada a ciertos sectores de la “inteligentsia” enemiga, en ocasiones buscando la colaboración de científicos  –el caso de Wernher von Brown es paradigmático—pero, en general, con la intención de evitar su caída en manos de los rusos victoriosos. Lo malo es que, a la vista del informe, no eran sólo esos los objetivos perseguidos por quienes auspiciaban aquella política de acogida, sino que parece acreditado que la CIA se sirvió de los antiguos servicios nazis para actuar como “informadores” no ya en el exterior sino también en el interior del país. Pocas dudas caben tras la lectura del documento de que en la recepción del enemigo funcionó lo que alguien ha descrito como un pacto con el diablo, dadas las ventajas que éste tenía en el terreno de la lucha anticomunista. Patton no estaba solo en los EEUU, evidentemente, cuando algunos suicidas, deslumbrados por el triunfo sobre Alemania, reclamaban prolongar la guerra hasta desmantelar también a la Unión Soviética.

 

Desconcierta hoy no poco recordar el trato dispensado en la época a los residentes japoneses, por ejemplo, o la caza de brujas posterior del macartismo, considerando que de manera simultánea se estaban perpetrando en el país programas como el ahora revelado, no muy diferentes, desde luego, a los llevados a cabo en otras potencias vencedoras o, como ya sabemos también, por los propios servicios secretos vaticanos lanzados al rescate y puesta a salvo de cientos de aquellos delincuentes escapados de chiripa a la Justicia internacional. Y resulta desmoralizador comprobar la distancia que separa la realidad de la retórica incluso en los ámbitos convencionalmente más democráticos. El mismo informe de que hablamos se lamenta de que el país refugio de las víctimas fuera al mismo tiempo anfitrión de los verdugos. Mucho me temo que ese lamento pudiera extenderse sin problema a la práctica totalidad del llamado mundo libre.

4 Comentarios

  1. La política no tiene color moral. Miren lo que hace el Gobierno español ante la tragedia del Sáhara, pero hay miles de ejemplos. El anticomunismo lo justificaba todo en aquella época, pero no se hagan ilusioones porque lo mismo ocurre en ésta que estamos viviendo

  2. Naturalmente, esta práctica ES ya la de muchos paises europeos. La política no tiene color mpral y el dinero no tiene color.
    Besos a todos.

  3. El colaboracionismo sólo es malo cuando es visto enfrente, nunca cuando lo lleva uno encima, y verdadero colaboracionismo con el mal fue esa acogida de los verdugos en la gran democracia, como dice don ja. Por fortuna para ellos, los verdugos propios no han tenido nunca necesidad de refugio…

  4. Es que no debemos olvidar que la Guerra Fría no surge de imrpoviso sino que se viene incubando desde muy atrás, de la misma manera que en Europa se incuban los fascismos tras la Revolución Rusa. Los nazis eran, después de todo, y claro está, después de vencidos, los mejores aliados para esos temerosos, a los que hay que reconocer que no les faltaba razón. Y en cuanto a aprovechar a Alemania con su potencial intelectual y científico-técnico ni que decir tiene que la operación de “rescate” se hizo de mil amores. El caso de Von Brawn es efectivamente el ejemplo perfecto. Nunca he odído una sola mala palabra contra ese personaje que apadrinó con su saber el bombardeo de Londres…

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