Llegó por fin a Granada el AVE prometido hace dos décadas –el mismo que Zapatero juró que llegaría ¡en 2007!– ofreciendo a nuestro corresponsal la ocasión de escribir una divertida crónica berlanguiana sobre la no tan alta velocidad del bólido, el extraordinario concurso de invitados, el frenazo Loja, el posado entusiasta de la “pomada” en Antequera (que no se perdió ni doña Susana), la copichuela multitudinaria y, finalmente, el despegue del Falcon presidencial. Una historia de otra época y un final agridulce para un proyecto no muy feliz que ahora habrá de completarse con nuevas inversiones y obras y en el que muchos echaron de menos a Pepe Isbert y a Manolo Morán marcándose un pasodoble ya anacrónico pero, por lo que se ve, insuperable. Si llegan a hacer esto con el AVE de Barcelona se hubiera visto un ejemplar. Aquí, como está mandado, no hubo más que plácemes.

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