En Francia, en París, muere un hombre en un hospital aguardando durante horas una plaza y hasta Sarkozy debe salir a la palestra para mediar en el debate. Aquí se nos muere alguien (hay casos recientes) sentado en una silla de espera y no merece sino un ambiguo desmentido de la consejería y, acaso, pasados los años, una indemnización obligada por la Justicia. ¿Se figuran ustedes a ZP terciando en el debate sobre la muerte de un paisano en uno de nuestros hospitales? Cuesta trabajo, hay que reconocerlo, desde el momento que ya es inimaginable que un endiosas ochaves descienda a ese nivel de exigencia cívica y se implique personalmente en unos problemas que no son fortuitos sino consecuencias de graves y tercas cicaterías.

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