“Virtù” y “fortuna” decía Maquievalo que resultan imprescindibles al éxito político, aunque a veces, yo diría que con excesiva frecuencia, la segunda importe más que la primera. Ahí tienen a Susana Díaz, la nueva estrella rutilante del paisaje político de la izquierda centrada–de la otra, mejor no hablar–, reconvertida de la noche a la mañana, de la Nada en Presidenta y ahora, quién sabe, si llamada a mayores y más altos destinos. Y todo sin dar un palo al agua fuera de los pasillos del partido, “appáratchik” pura, es decir, modelo de esa política menor que es el politiqueo. Poco de estudios, poca experiencia de gestión… Más vale caer en gracia que ser gracioso.

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