Cuando se conoció el cuasiacróstico Malaya con que las policías designaban las corrupciones marbellíes, hubo quien quiso ver en él una alusión a que la mangancia estaba generalizada en toda la comunidad autónoma, especialmente en su zona costera, desde Marbella a Ayamonte. Pues bien, ahí tienen ya la investigación de la Guardia Civil en esta última localidad, en torno a los presuntos manejos de una trama corrupta dedicada a blanquear dinero a través de una ONG y de la que sería cabeza el antiguo alcalde de la localidad, Rafael González. Mi pesimismo no es capaz hoy de sacar otra moraleja aparte de la desoladora comprobación de lo tolerante que son los pueblos con la delincuencia de guante blanco.

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